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Mi amigo Jorge Sánchez (espero que lo siga siendo después de mi réplica), filósofo y escritor, rebate mi post sobre Sokal en sus artículos A vueltas con Sokal y el relativismo (I) y A vueltas con Sokal y el relativismo (II)



Entiendo que a los relativistas escepticos que acojen la ontología débil, como Jorge -lo que es una saludable postura intelectual, más que una ingenua impostura sokaliana-, proceden del marco no de una ontologia fuerte si no de una heterología absoluta, lo que representa el camino inverso al sentido común. Es importante que quien sabe que la realidad es un noumeno incognoscible sin la perspectiva de un sujeto, busque un anclaje en la vida práctica, pero igualmente importante -especialemente desde una perspectiva política- es que los que estan anclados en la metafísica de la presencia, puedan trascenderla de alguna manera y no caer en sus trampas.

En definitiva, creo que sustancialmente la solución de Jorge de micro y macro es la misma que propongo yo en Sokal Hoax al distinguir los planos epistemológicos de la física, con lo cual no puedo estar en desacuerdo con esto, aunque me encantaría, porque me gusta llevar la contraria aunque sea contra mi mismo. 

Según la ontología débil, nos podemos liberar de la perversa jaula del lenguaje, por fin podemos tocar las cosas y ser algo diferente de ellas y así poder vivir una realidad en la que nuestra vida no sea un sueño, ni un signo azaroso de una escritura sin autor y cuya gramática no conocemos. Sin embargo, el lenguaje se rie de lo que pensamos porqué es un juego de lenguaje, un juego malvado: con Berkeley, "esse est percipi".

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