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Soy de los que han nacido después de que el hombre pisó la luna, en directo ante 600 millones de telespectadores. No vivimos ese gran paso para la humanidad y quizás por eso, para nuestra generación, la astronautica ha entrado siempre dentro de la normalidad. No por eso ha dejado de apasionarme.

De pequeño, sobre los diez años, mi amigo Alex y yo construimos una réplica de cartón del cohete Saturno V a escala 1:70, (hoy puede comprarse algo similar como el Modelo de Apogee Rockets). Conseguimos un realismo tan perfecto que logramos que fuera expuesto en una tienda de modelismo durante al menos un mes. Pero eso no es todo. Ya habíamos hecho otro cohete de menor tamaño y lanzado al espacio mediante petardos/explosivos propulsores, parecido al de Tintín (objetivo: la Luna). Este primer lanzamiento fue un éxito e incluso recuperamos el cohete que iba dotado de paracaídas para su retorno a la subatmosfera callejera.
Modelo a escala similar
El lanzamiento de nuestro Saturno V se hizo desde el campo de fútbol de tierra de La Salle Bonanova (nunca entendí porque los de mi edad malgastaban estos espacios persiguiendo una pelota...) a las 16:00 h, (durante horas de clase), una soleada tarde de junio, mientras no había nadie, accediendo por una valla adyacente desde la calle. Debo decir que yo no iba a ese colegio, al menos a estudiar, simplemente lo escogimos por razones geoestratégicas. El lanzamiento fue también en esta ocasión un autentico éxito. Esta vez iba con cuatro propulsores, en el aire se debía separar en tres partes y una de ellas, la capsula, debía caer al suelo frenada con un paracaídas. El cohete fue tan alto, que nunca lo recuperamos. Buscamos la capsula por el pie del Tibidabo sin éxito. Sin embargo, el cohete y su estruendo, permanecen indelebles en nuestra memoria.

Pero mi afición a la aviación y aereonáutica ya venia de lejos. En primer lugar el gran impacto de haber visto el estreno de 2001 Odisea del espacio de Stanley Kubrick en 1968 con tan solo cinco años, luego leyendo todo lo que encontraba sobre cohetes.  Uno de mis libros preferidos de cuando era niño era Gli aeroplani de Enzo Angelucci (el apellido tiene guasa) de 1971, una historia de la aviación con abundantes ilustraciones, que me conocía de memoria, tanto es así que a los ocho años hice un examen dibujando y explicando una extensa selección de aviones representativos y los profesores se quedaron tan asustados que me mandaron a un psicólogo para descartar una esquizofrenia precoz. A los 14 años pude copilotar una avioneta, lo que fue una experiencia maravillosa, pero allí acabé mi relación con los aviones, para pasar a ser tan solo un usuario y un erudito de la astronáutica y astronomía, ya que otros temas también con curvas, acabaron interesándome más.También influyó que el padre de un gran amigo mio falleció en accidente de avioneta.

Recientemente he podido visitar el Kennedy Space Center (KSC) y poder ir al inmenso VAB donde se construyó el Saturno V. También puede contemplar su réplica (en horizontal, -que no es lo mismo) y otras muchas cosas relacionadas con el proyecto Apollo. En realidad, la NASA está muy orgullosa del proyecto del Space Shuttle (transborador espacial) y sus 128 lanzamientos, lo que se ve por todo el KSC. Sin embargo, la mayor y más compleja máquina nunca existida (y a todas luces podemos decir que jamás existirá ya que la tecnología tiende a la simplificación y a la reducción de la complejidad y los presupuestos disponibles ya no son comparables),  ha sido el cohete Saturno V: 110,6 metros de altura, 10 metros de diámetro, 2.900 toneladas de peso.

En el Saturn V Center del KSC
El Saturno V tiene entre otras muchas la virtud de haber sido el primer cohete en llevar un ordenador digital a bordo: el Apollo Guidance Computer (AGC), diseñado por el MIT e instalado tanto en el Command Module (CM) como en el Lunar Module (LM), con un procesador de 16 bits (uno de paridad), con ROM de 12.228 words y RAM de 1024 words . El teclado que hacía las funciones de interfaz se llamaba DSKY.

El teclado DSKY
Si el Shuttle llevaba cinco ordenadores redundantes, el Saturno sólo llevaba uno y no falló nunca en ninguna misión. A muchos les parece increíble que el hombre haya llegado a la luna con esa tecnología, pero de hecho no lo es, eso era fácil y había tecnología de sobra (cuanto daño ha hecho el hoax de Karle, "The Dark Side of the Moon"). En realidad, lo más complejo era volver y vivos, fue eso lo que complicó la manera de llegar. De ahí la gran controversia en la NASA de si los astronautas debían tripular o no. Y no tripularon, fueron unos meros pasajeros, muy preparados (todos eran pilotos militares), como diria Monty Python: "spam in a can", aunque listos para hacerse cargo de todo ante cualquier eventualidad. Los astronautas en el espacio fueron el backup de los sistemas digitales de navegación y no es un chiste, realmente esa fue la función asignada por los ingenieros.

Tan sólo el heroico y recientemente fallecido, Neil Armstrong (Gemini 8, Apollo XI), tomó el control de la nave LM durante al alunizaje del Apollo XI, para evitar caer en una zona rocosa, cuando el ordenador empezó a dar una alerta grave, en la que solo tuvo unos pocos segundos para reaccionar mientras se le agotaba el combustible. Armstrong a pesar de su timidez aparente, era un auéntico cow-boy.  A los seis años voló por primea vez y con dieciséis obtuvo la licencia de vuelo, más tarde se licenció en ingeniería astrofísica, pero además no solo fue aviador militar y astronauta, sino que fue piloto de test de aviación, una de las profesiones más arriesgadas que existen. Gracias a su sangre fría, escapo dos veces de estrellarse en los años '60 durante los test del avión-cohete X-15 a 40.000 metros de altura y a 4.000 Km/h. Tanto el Saturno V como Shuttle adoptaron muchas cosas X-15. 

Fuerza G soportada en el despegue por los astronautas

En todo caso, aunque los astronautas del Apollo fueran sardinas enlatadas, tuvieron inmenso placer de alcanzar los 4g en pocos segundos en el despegue y hasta 7g en el descenso y todos sabemos que la mejor montaña rusa no pasa de los 3g y los airbags se disparan también a esa misma fuerza: no pain, no gain.

Lectura recomendada:
Digital Apollo: Human and Machine in Spaceflight de David A. Mindell

«la gente ama las conspiraciones, son muy atractivas, pero nunca me preocuparon. Porque sé que algún día alguien volverá a ir, y podrá recoger la cámara que dejé allá». Neil Armstrong



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