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Leo en el periódico que el talento ya no interesa a las empresas:
Los profesionales talentosos son caros, y “las empresas prefieren un ejército de trabajadores mediocres y fieles”, por supuesto mal remunerados, que una estrella con un sueldo anual desorbitado. Como comenta el empresario norteamericano, los profesionales de recursos humanos se están especializando en “destruir las aspiraciones profesionales de sus mejores trabajadores”, para así ahorrar costes salariales y no tener que ofrecerles mayores privilegios.
Pero esto no es así para todas las empresas. El talento es fundamental para todas las empresas donde se produce valor. Las empresas de conocimiento, Internet  movilidad, redes sociales y tecnología en general no pueden prescindir del talento. Adquirir y retener talento es algo vital.

La creatividad necesaria para crear valor va asociada no sólo al talento, sino a algo fundamental como una cultura de empresa donde el compromiso de los empleados coincide con los objetivos de la empresa, donde el desarrollo profesional coincide con el desarrollo de la empresa. Libertad a cambio de responsabilidad y cumplimiento de objetivos.

La cultura de empresa está muy poco valorada en la consultoría de empresa porqué no se ve un impacto directo en los beneficios de las organizaciones y también porque se hereda una cultura de empresa del momento fundacional, que muchas veces suele haberse vuelto obsoleta, pero es un dogma incuestionable.

He visto fracasar a muchas empresas y a directivos para la desconexión con la cultura de empresa, por una cultura organizacional inadecuada para los fines de negocio, más que por motivos de rendimiento, conocimiento o dedicación.

Un componente de meritocracia es fundamental en la empresa. Cada vez vamos más a un modelo de empresarios dentro de la empresa o de proveedores internos, que pronto serán externos. La gente que produce valor será cada vez más independiente. Es tan importante el enterpreneurship como el corporate enterpreneurship. Si las empresas no empiezan a permitir que se creen y se financien proyectos por propia iniciativa de los empleados, será más difícil innovar desde dentro.

Innovación no existe sin talento y sin gestión del talento, sin una organización y culturas orientadas a la creación del valor, a la faciltación de la creación  e invención de productos y servicios disruptivos.

Lo que también es verdad que una cultura emprendedora e innovadora debe ir acompañada de una gestión del riesgo, ya que como bien es sabido al mortalidad de los proyectos de este tipo es muy alta, de lo contrario, puede ser una actividad que comprometa el mismo funcionamiento de la empresa.

Existe una consultora que se dedica específicamente a este propósito, que se llama Blessing White y propone un interesante modelo X para el compromiso empresarial:





Recientemente mi profesor de Babson College (la universidad de referencia para la enseñanza del enterpreneurship), Jay Rao, (ver entrevista en La Contra de La Vanguardia), ha escrito un interesante libro con mi amigo y compañero de ESADE, Fran Chuan, socio fundador de la consultora Dicere, titulado Innovacion 2.0. En él se explica como desarrollar una cultura de la innovación, pero a diferencia de la gran mayoría de libros que se centra en las metodologías, lo hace centrándose en el talento, en las personas. Muy recomendable.




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