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Existe en filosofía de la ciencia un elemento importante llamado el principio de mediocridad, que afirma que no existen observadores privilegiados para un fenómeno dado. Una manera simple de explicarlo es refiriéndonos a la tesis de Copernico, que afirma que la Tierra no es el centro del Universo. Ni el planeta Tierra, ni la Humanidad, son algo especial a escala cosmológica. Simple vulgaridad astronómica. Quizá sea por ello que también a escala humana, parecemos dominados por la mediocridad. Especialmente en los países como el nuestro donde las relaciones personales, que permiten tejer tramas de organización segura, prevalecen sobre cualquier meritocracia.

La excelencia es algo desconocido para lo que podría llamarse mediocracia o miedocracia, ese imperio de la autoprotección gremial escondido bajo el concepto de normalidad, como media de todas las medias. La simetría nos pierde, Aristoteles habla de lo correcto como el justo medio entre los opuestos. Pero el valor está siempre en la diferencia,  en lo que sobresale, en lo que sobrepasa a la media.

La regla de oro de la mediocridad es la regresión a la media creada por la vía normativa. Las normas son creadas por los mediocres, para no ser superados por los locos y los genios. Esto ocurre tanto en la sociedad, como en las empresas.

Históricamente, el encierro como institución social,  implicó un cambio normativo decisivo que tuvo lugar con el ascenso de la burguesía y de la sociedad industrial, por el cual a diferencia del pasado medieval, se empezó a encerrar a los locos en los manicomios, a los delincuentes en las prisiones. y a los niños en las escuelas. Igual pasó con la reproducción que se encerró en la alcoba de los progenitores. Michel Foucault ha descrito con precisión estos cambios en varios de sus libros: Naissance de la clinique. Une archéologie du regard médical, Les mots et les choses. Une archéologie des sciences humaines, Surveiller et punir,  Histoire de la sexualité.

En nuestra época posmoderna convive el poder hiper-normativizado, que consigue el control social mediante la represión, propio de la sociedad industrial, con el poder positivo que consigue el control social mediante la producción de hábitos sociales inofensivos. Lo lamentable es que muchas empresas no han superado el modelo industrial del taylorismo y del fordismo, descrito magistralmente por por Benjamin Coriat en Penser à l'envers y en L'Atelier et le chronomètre, bloqueando el progreso y el crecimiento. Las empresas hoy para ser competitivas en mercados maduros y fragmentados, tienen que crear un valor diferencial y eso sólo se consigue mediante la retención del talento y la innovación.

La mediocracia es un poder disciplinario que se ejerce mediante la creación de normas y la sanción de la vulneración de estas. El modelo encuentra su límite en el campo de concentración, porqué extermina los mismos miembros que intenta explotar, con lo cual el medio destruye al mismo fin. Sus características principales son:
  1. Delimitar rígidamente un espacio
  2. Cronometrar el tiempo
  3. Ser insensible ante la diversidad y la diferencia
  4. Ser inflexible ante las excepciones
  5. Desincentivar la creatividad y la iniciativa
  6. Sancionar duramente la infracción de las normas
  7. Mantener una vigilancia constante 
  8. Para una élite no aplican las normas anteriores
La regla de oro de la mediocridad incentiva el inmovilismo y la inseguridad, al tratar a los adultos como niños, al sustituir la responsabilidad por el cumplimiento de normas y como consecuencia, se obtiene la falta de innovación, la normalidad, la media, la vulgaridad.

La mediocridad crea empresas que son puro karaoke, repetidoras insaciables de los mismos productos, servicios y modelos de negocios, que se hunden sin saberlo gracias al cumplimiento estricto de sus normas y tradiciones. Como un disco rallado de Nino Bravo...

El antídoto contra la mediocridad, contra las empresas karaoke, es la destrucción creativa como propuso Joseph Schumpeter en Can Capitalism Survive? Creative Destruction and the Future of Global Economy, 1942. La destrucción creativa es un concepto filosófico que deriva de Nietzsche en el que se reconoce que para crear algo nuevo, hay que desmontar lo viejo en piezas y utilizar las que sean útiles para el futuro. Para Schumpeter su portador es lo que llamó “espíritu emprendedor” (Unternehmergeist). Te suena? Según Schumpeter la función de los emprendedores como solución al estancamiento económico, es la de revolucionar las formas de producción mediante la innovación. La teoría del emprendedor de Schumpeter es casi profética teniendo en cuenta cuando fue formulada.

Las empresas karaoke, son unos zombis destinados a morir por los jóvenes emprendedores, audaces e inteligentes.

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