Estamos en la era social de Internet. Después de su etapa militar, académica y comercial, las redes sociales y la movilidad han hecho brotar una sociedad digital que amenaza muchas industrias, empresas y negocios de antaño. 


Los analógicos irreductibles son ya minoritarios

La única manera de detener el tsunami digital sería apagando Internet, creando un movimiento abolicionista. Pero este neo-ludismo es absurdo. El ludismo fue un movimiento que adquirió auge en Inglaterra a partir del odio hacia las máquinas. Sus seguidores se llamaban ludistas, nombre que tomaron de Ned Ludd. El ludismo representaba las protestas de los obreros contra las industrias por los despidos y los bajos salarios ocasionados por la introducción de las máquinas. Estas revueltas eran desorganizadas y los obreros atentaban contra las máquinas destruyéndolas. Fue un movimiento efímero, antes de la organización de los sindicatos y partidos obreros tradicionales. Nadie pudo detener el empuje de la industrialización.





De la misma manera, hoy nadie puede detener el desarrollo de la economía digital. Lo que si se puede es gestionar y regular. Algunos incluso la intentan dominar al igual que pasó con la radio. En sus inicios todos eran emisores y receptores, hasta que la radio se convirtió en un monopolio de emisión empresarial y político y tan sólo unos pocos radioaficionados acabaron emitiendo por hobby.   


Internet va camino del mismo destino. Existe una gran voluntad de control de la libertad de información. Demasiados gobiernos limitan Internet con censura explícita y oficial como China, Bahrain,  Belarus,  Burma, Cuba, Iran, Corea del Norte, Saudi Arabia, Siria, Turkmenistan, Uzbekistan y Vietnam. Otros muchos lo hacen con más discreción entre los que podemos citar a Egipto o Rusia. Y algunos más como la UE o EEUU, que por su vocación democrática no pueden limitarla, por lo que se dedican a espiarla al por mayor. Sólo hay que ver la edición de 2014 del informe Enemies of the Internet del Reporters without Borders for Freedom of Information (Report 2014), para darse cuenta de lo delicada de la situación en muchos países. 





Sin embargo, no es fácil controlar el Internet actual debido a su carácter social y de red. El poder de la red, el multiplicador que representan las relaciones en red, según la Ley de Metcalfe, a saber, (N2) que el valor de una red de comunicaciones aumenta proporcionalmente al cuadrado del número de usuarios del sistema, se ha visto en la organización de la revueltas populares como fue la "Primavera Árabe". En el caso de las redes sociales incluso es de aplicación la Ley de Reed, (2N-N-1) que afirma que la utilidad de redes grandes, en particular redes sociales, escala exponencialmente con el tamaño de la red, es decir, un individuo no sólo aporta un nodo a la red sino un conjunto de nodos, una pequeña red para entendernos. Los ejemplos históricos de crecimientos sociales exponenciales, son Facebook, Twitter, pero también el Bitcoin y las criptomonedas.


Cambios exponenciales. Por ejemplo, el retail no desaparecerá pero se reducirá en cantidad y mejorará en calidad al digitalizarse, con lo que el retail será un suplemento del comercio electrónico y no al revés como ocurre hoy y la experiencia de compra será superior. Después de crear la mejor tienda de música de pago con iTunes, Steve Jobs creó los Apple Store como tiendas emblemáticas donde la experiencia con los productos es la base de la venta. Esa interrelación entre el on y el off es invencible.





Si el avance de la economía digital clásica, es decir, la digitalización de la empresas y el desarrollo del comercio electrónico, está siendo imparable, la socialización de Internet y su ubicuidad por la movilidad, están volviendo a cambiar la la economía de forma radical. Antes teníamos consumidores analógicos comprando en Internet, ahora tenemos usuarios digitales socializados comprando en Internet. La vida se ha vuelto digital y es posible cerrar el ciclo de venta dentro del mismo mundo online: es la era social de Internet. esta nueva economía social aporta los siguientes principios:



- Economía abierta: Todos con todos, los  mercados son multidireccionales. Las interrelaciones comerciales son difíciles de parar por las leyes con la digitalización de la economía y la virtualización de lo material con las impresoras 3D. 
- Valor en las relaciones: Estamos pasando de las transacciones económicas a las relaciones sociales, como determinantes del intercambio comercial. La persuasión a través de la recomendación de conocidos o expertos será cada vez más importante que la publicidad.
- Transparencia: La información se comparte en su totalidad. La filosofía Open Source y el compartir parte de la propiedad intelectual, hacen que la seguridad se base en ello. 
- Comunidades: Las comunidades de todo tipo, más que las instituciones tradicionales corruptas, son las garantes de la integridad de la información y de la transparencia de las relaciones.
- Precio: Valor de cambio y valor de uso se llegan casi a confundir. La tendencia imparable y determinada hacia la gratuidad, dificulta los márgenes abusivos. El precio lo decide el cliente.
- Volatilidad: Los ciclos de producto no sólo se reducen sino que las industrias estarán de manera lateral y tangencial constantemente cambiando. El éxito será muy efímero y complicado  y la durabilidad de las empresas será la excepción. Por supuesto, esto también influirá en el mundo laboral donde los empleados se asemejarán más a freelances y autónomos.

Nada de esto sería posible si dejáramos a Putin el control de Internet. Según el profesor Richard Heeks los países oprimidos y con Internet libre como Ucrania son más propicios a las revueltas. Por eso, Rusia prefiere recortar Internet más que reducir la opresión.


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