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Aunque yo soy usuario del eReader desde que mi amigo Javier Escudero me enseño su Kindle, cada vez está resultando más difícil explicar para que sirve un libro a las nuevas generaciones. Especialmente para alguien como yo que ha leído toda la vida y he vivido en la cultura y el culto del libro.


Trabajando en la Biblioteca
De entrada, hijos míos, un libro es un dispositivo mecánico prácticamente insonoro, desprovisto de ratón y de interfaz Windows, con acceso secuencial (o aletarorio si disponde de indice) a la información, de un tamaño no inferior a 280.000 twitts (nueva unidad de medida), y que el paso a la siguiente "pantalla" se realiza mediante dos dedos, el pulgar y el índice normalmente, aunque esto no le convierte en digital. La única manera de descargarlo es si lo tienes almacenado en la librería de tu casa, para cogerlo entre las manos. Lo que si se puede es instalar un bookmark donde quieras, eso sí, de cartón.  
Crecí entre libros y lectores. Mis dos abuelas eran del Círculo de Lectores y devoraban cuanto salía, mi padre leía bastante incluso revistas extranjeras. Cuando era pequeño no existía Google, pero sí existía en mi casa una cosa llamada Enciclopedia Larousse, que mi padre cogía al menor atisbo de duda para zanjar cualquier discusión basada en conocimientos. Tampoco existía el Google Maps, pero si existía el Gran Atlas Aguilar en tres imponentes volúmenes de más de un metro de largo, entre cuyos cientos de mapas también había el de las ciudades.


El Llibre d'Hores
Más tarde, durante mi época de estudiante tuve,  gracias a una beca, el privilegio  de trabajar en la Biblioteca Provincial i Universitària de Barcelona (ahora CRAI Biblioteca de Letras), en el departamento de préstamo inter-bibliotecario ubicado en una inmensa sala rodeado de incunables del siglo XV y XVII (en la BIblioteca de Reserva). En una cámara acorazada estaba nada menos que el Llibre d'Hores, precioso manuscrito sobre tripa o el célebre Cróniques del rei Jaume I (o Llibre dels fets), hoy en la Biblioteca de Catalunya. Allí venían los mejores investigadores en demanda de libros ubicados en bibliotecas extranjeras, algunos muy conocidos, con los que podía conversar. Entre el pasillo de la Sala Torres y donde trabajaba, había un largo pasillo lleno con los los índices de los libros almacenados en la Library of Congress, la mayor biblioteca del mundo. 



La Library of Congress
Pero lo más curioso de los libros, es que al final forman un hipertexto como el world wide web. Y para eso hay que conocer una de las historias más importante del libro. 

No ha habido mayor influencia en la cultura occidental que los libros de Aristóteles, tanto para seguirlo como para criticarlo. Conocemos a Sócrates que no escribió nada, porqué su discípulo Platón escribió sobre él. Pero también conocemos a Platón porqué su discípulo Aristóteles, conservó sus escritos en su Biblioteca. Aristóteles además de filósofo, fue el tutor del monarca Alejandro de Macedonia (el Magno) y fundador de una Universidad  de aquellos tiempos llamada Liceo, pero lo más relevante es que fue el bibliofilo más importante de la antigüedad. Mientras Sócrates murió aceptando una ejecución injusta para dar ejemplo, incluso habiéndole dado la posibilidad de escapar, Aristóteles que también fue condenado injustamente, con gran sentido práctico, huyó. La huida de Aristóteles hizo de alguna manera posible la filosofía, de lo contrario podría haber desaparecido, pero no sólo eso, la columna vertebral del pensamiento occidental incluyendo no sólo la filosofía, si no la ciencia porqué estaban indiferenciadas, es la tradición aristotélica. La herencia de Aristóteles es la base de la enciclopedia del saber.



Arístoteles, en la estatua del Palazzo Altemps 

En aquellos tiempos la biblioteca, no era sólo un lugar de almacenamiento, se transcribían las lecciones orales, se copiaban textos, se vendían. Las bibliotecas eran centros de copia, de difusión y publicación. Aristóteles fue el único filósofo griego cuya obra completa (por lo menos la conocida en la antigüedad), fue traducida al árabe y más tarde al latín. La de Platón no tuvo ese honor y por tanto, fue menos conocida. El heredero de la biblioteca de Aristóteles y de la dirección del Liceo fue Teofrasto de Ereso, quien fundó la escuela peripatética (319 AC) cuatro años después de la muerte del maestro, con intención de agrupar a los dispersos discípulos, llegando a tener más de 2.000 alumnos. 


Otro alumno privilegiado, Eudemo de Rodas, al morir Aristóteles, fue hacia su ciudad natal con buena parte de la biblioteca e hizo una primera clasificación del material. Eudemo creó una rama del peripatetismo muy influyente en la Roma clásica. Los escritos exotéricos (exteriores) del tipo platónico, eran diálogos para iniciados que se recitaban caminando (de ahí el nombre de peri-patética, caminar), y los esotéricos (interiores), eran más sistemáticos y se exponían en el aula. Los escritos exotéricos se han perdido completamente, mientras conservamos los esotéricos. Teofrasto, hizo crecer enormemente la biblioteca y se la cedió a su amigo Neleo, quien trasportó los 10.000 papiros a Escepsis, su ciudad natal y vendió parte de estos a Tolomeo para la Biblioteca de Alejandría.


Como se sabe, Alejandría fue fundada por Alejandro Magno en el 331 AC. como nueva capital de Egipto. Fue un general de Alejandro, Ptolomeo I Sotero (305-282) quien fundó la Biblioteca y el Museo en 295, gracias al consejo de los sabios griegos Eudoxio, Demetrio de Falero, su primer director y bibliotecario, y del propio Aristóteles (si bien sería indirectamente, pues el filósofo había muerto en el 322), de quien afirma Estrabón que enseñó a los Ptolomeo a formar su Biblioteca, bajo la forma clásica de un gymnasium y sus anexos.

 La Biblioteca de Alejandría, la más famosa de la historia

Alejandría era una ciudad cosmopolita donde convivían en paz ciudadanos de muchas nacionalidades; era el lugar ideal para un centro internacional de investigación.

La biblioteca enviaba agentes a todos los rincones del mundo conocido en la época a buscar libros de todas las culturas y a comprar colecciones completas. Se dice que cuando un barco llegaba al puerto, lo registraban para ver si transportaba libros, los confiscaban en caso de que sí, los copiaban y luego los devolvían a sus dueños. La biblioteca de Alejandría iluminó el mundo hasta que una horda de fanáticos inspirados por el arzobispo de la ciudad, la incendió y asesinó a Hipatia, última directora de la biblioteca y filósofa, en el año 415 DC. Hipatia y sus obras cayeron en el olvido. Al arzobispo hoy se le conoce como San Cirilo

Apelicon de Teos, recuperó algunos de los libros que no fueron destruidos por los hongos, de los que Neleo no había vendido y se los llevó a Atenas. Cuando Sila asedió Atenas, se llevó a Roma la biblioteca de Apelicon. También el general romano Lúculo encontró en Amiso, manuscritos y copias de textos de Aristóteles y también se los llevó a Roma. Lúculo también se trajo a la capital del Imperio a Tiranion, erudito griego, quien, a pesar de ser un esclavo, intentó editar los textos aristotélicos de las bibliotecas de Sila y Lúculo, sin demasiada fortuna, creando desviaciones y errores, encima de las ya provocadas por Apelicón. Tiranión se inspiró en su maestro Dionisio Tracio, discípulo de Aristarco, el filólogo de la biblioteca de Alejandría. Andrónico de Rodas creó en el siglo I el Corpus Aristotelicum a partir de la biblioteca de Eudemo residente en Rodas también. Andrónico, onceavo director del Liceo, obvió muchos escritos publicados, mientras con los otros intentó constituir una ortodoxia del pensamiento aristotélico provocando, que ciertos libros cayeran en el olvido, por tanto, no se transcribieran, ni tradujeran, con lo que hoy se han perdido completamente y han dejado de influir en la tradición. 

La edición de Andrónico será la de mayor influencia en Europa. La biblioteca romana de Sila, fue desmembrada por su hijo Fausto, quien al arruinarse tuvo que vender todos sus bienes incluidos los libros. Se pierden los escritos de Aristóteles, incluso el emperador Caracalla en una crisis nerviosa hizo quemar varias obras de Aristóteles.

El aristotelismo tuvo gran influencia en el pensamiento árabe. En Bagdad, donde el califa Al-Ma'mun fundó en el 832 una escuela de traductores, que no sólo vertieron al árabe obras de Aristóteles, sino las de sus discípulos y comentaristas: Teofrasto, Alejandro, Temistio, Ammonio, Porfirio, Galeno e incluso Arquímedes e Hipócrates, fundamento de la ciencia y del prestigio médico de los árabes medievales en Occidente.


Platón y Aristóteles en La escuela de Atenas, de Rafael Sanzio.


La Escuela de Toledo fue un gran centro de difusión en el medioevo del pensamiento aristotélico. La doctrina aristotélica tuvo importancia fundamental en la formación y desarrollo e la escolástica medieval. La influencia de los textos de Aristoteles dura hasta el siglo XIX.

Hegel realiza uno de los trabajos más influyentes sobre Aristóteles al utilizar los tratados de la Metafísica y de las Categorías, pero haciendo una ordenación dinámica y deductiva de las correspondientes categorías aristotélicas, en vez de seguir el orden escolástico y canónico. 

La Real Academia Prusiana (Berlin) legitimó el Corpus Andrónico en una edición clásica que estuvo a cargo de Inmanuel Bekker y que fue apareciendo entre 1831 y 1870 en cinco densos volúmenes con el texto griego. Este corpus que es el que hoy podemos leer llevó el título de Aristotelis Opera


Y llegamos hasta la actualidad. El aristotelismo ha influido en religiones, ciencia y pensamiento, a través de Hegel, Heidegger y Derrida. Siempre ha estado en el centro del debate de lo que somos, aunque no lo sepamos. Y eso ha sido posible, en virtud de las bibliotecas que conservaron sus escritos y los publicaron, a las traducciones que los hicieron posibles a otras culturas y en otros tiempos, a las Universidades, que los leyeron, los debatieron y los criticaron. Un pesado hipertexto histórico que nos ha acercado la Biblioteca del Ser y que hoy está en Google. Un largo viaje del libro analógico que pasa su testigo al formato digital.

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