Uno de los sueños del ser humano es conseguir la inmortalidad. Existen innumerables cabezas ricas, criogenizadas en espera de ser revividas en un tiempo futuro, pero quizás simplemente acaben convirtiéndose en  perfectas hamburgueserías de malvados Hannibal Lecter.

Futurama

Las buenas noticias son que la inmortalidad existirá. Y las malas, que será sólo virtual, digital, por abusar del concepto reflexivo de este blog. Esto no es nada nuevo. Durante la antigüedad y el medioevo hubo un intenso debate filosófico entorno a la inmortalidad del alma. Desde sus detractores como Epicuro, Lucrecio o Aristoteles a sus defensores como Platón, Tomás de Aquino o Anselmo de Canterbury. Es la eterna controversia entre las diversas variantes del materialismo contra el idealismo. A partir de la inmortalidad del alma se solía demostrar racionalmente la existencia de Dios. Así funcionan las religiones, te prometo la salvación eterna a cambio del sometimiento mientras tu cuerpo viva, bajo la garantía total de un Dios, que nadie conoce. Sin embargo, los argumentos contrarios también son válidos.


David Hume

Una simplificación de los argumentos a favor de Anselmo de Canterbury (su prueba ontológica):


  1. Dios es, por definición, el mayor ser que puede imaginarse.
  2. Hay más grandeza en la existencia total, tanto en la realidad como en el entendimiento, que solo la existencia imaginaria.
  3. Dios debe existir en la realidad, pues si no existiera, no podría ser el mayor ser que pudiera imaginarse.
Una simplificación de los argumentos en contra de Hume:
  1. La única manera de probar algo a priori es si su opuesto implica una contradicción.
  2. Si algo implica una contradicción, entonces es inconcebible.
  3. Todo puede ser concebido como inexistente.
  4. Por tanto, nada puede ser demostrado como existente a priori, incluyendo a Dios.

La conclusión de este debate, que se alargó muchos siglos, se dio con el desarrollo de la modernidad con filósofos como Kant o Feurebach, donde quedó racionalmente acreditado que no existe ni Dios ni la inmortalidad del alma en el ámbito del conocimiento. Sólo puede existir en el ámbito de la religión, pero cualquier individuo racional, toda persona con sentido crítico, no puede creer en una religión y debe actuar según la ética de la responsabilidad humana.



El loco de la colina, más que pseudo-ciencia, pseudo-religión

El debate se renueva hoy en día. El charlatán y optimista patológico Michio Kaku, sostiene en su reciente libro El futuro de la mente, que alcanzaremos la inmortalidad (ver entrevista Así será nuestro futuro: “Todo se controlará con la mente y seremos inmortales”). Mediante el brainet (una especie de pen drive) almacenaremos nuestros recuerdos y emociones que podremos compartir después de morir y nuestros amigos podrán likearnos. Mediante el conectoma, (otro pen drive) con todas nuestras conexiones cerebrales (la nueva versión del alma), se podrá conservar nuestra mente después de muertos y nuestros hijos podrán interactuar con nosotros. Y ya para acabar, dando una pirueta final con tirabuzón, Kaku nos dice, que mediante el genoma y el conectoma se podrá crear una copia de nosotros mismos: un androide. Magnífico y delirante. Pero esa inmortalidad es para los demás, pero no para nosotros mismos. La única manera de crear una auténtica inmortalidad, sería no haciendo una copia sino manteniendo el original, el cerebro, los grupos de neuronas que determinan nuestra conciencia, vivas, aunque sea externas al cuerpo. Pero esto no es viable aún. Sin embargo, el emprendedor Dimitri Itskov con su Proyecto Avatar tiene establecido hasta un roadmap hacia la inmortalidad con una promesa más sólida que la de Kaku. El Avatar A (2015-2020) sería una copia robótica de un cuerpo humano dirigido remotamente mediante BCI (Brain Computer Interface), Avatar B (2020-2025) donde se trasplanta el cerebro humano la final de su vida, Avatar C (2030-2035) donde se tiene un cerebro de inteligencia artificial donde se ha trasplantado la personalidad al final de su vida, Avatar (2040-2045) como un holograma. Otra utopía muy bonita, pero de momento son solo palabras. "Transferir la personalidad" científicamente no significa nada, sólo una payasada. Y ¿qué pasaría si alguien sufre una muerte violenta antes del transfer? quizás la inmortalidad no fuera para todos...Pero incluso ese ser reinsertado en un nuevo cuerpo o ese holograma, ese desarrollo humano artificial, iría contra la genética y contra la evolución de nuestra misma especie, determinando la propia extinción por falta de adaptación, ya que el mundo sería dominado por los tontos de siempre


Itskov  y sus veleidades religiosas: chupando cámara
con el bueno del Dalai Lama
Entre todos los sofistas y charlatanes, el que más nos gusta es el multifácetico Ray Kurzwell, autor de varios inventos y best sellers con abundantes predicciones sobre el desarrollo de la tecnología, Director de ingeniería de Google. A él debemos el concepto de singularidad, el momento en que los ordenadores con inteligencia artificial superarán a la inteligencia humana ,incluso a precio de derribo como unos 1.000 USD. Los androides o máquinas o sistemas de inteligencia superior más allá de la singularidad, por definición, no podrán respetar las tres leyes de la robótica, porqué serán suficientemente sofisticados y discretos para perjudicar a los humanos de manera indirecta sin que estos lo puedan notar. Y hay muchos ejemplos en la ciencia ficción, ya desde 2001 Odisea en el espacio.En todo caso los límites objetivos de las profecías cientifistas están en el consumo energético, en lo que hemos llamado digital peak, después del cual no sabemos si habrá el digital crash o el digital slow


Como un detergente, inmortalidad plus

Los nuevos profetas de la inmortalidad del alma son como en el pasado, peligrosos manipuladores de conciencias, que ante el cierto fracaso de las religiones monoteistas tradicionales, tratan de ocupar el espacio de la creencia con hipótesis pseudo-científicas. Estos apóstoles de la pseudo-religión deben ser desterrados de nuestros medios de comunicación y redes sociales con la mayor crueldad posible y condenados a la humildad de la ciencia ficción. 

Como todo el mundo debería saber, la muerte es el precio que tenemos que pagar por tener sexo. La reproducción de nuestra especie, de toda especie, es el antídoto a la mortalidad, es el mecanismo de supervivencia de la especie. La reproducción permite su continuidad. La especie es el animal no el individuo, el individuo es la parte. Y todas las especies forman parte de un animal aún más grande: el universo inteligente. Si fuéramos eternos solo existirían Adan y Eva y serian asexuados, pero no es así. Y es que la inmortalidad es una inmoralidad. ¡Viva el amor!




CODA

El imparable aluvión de excentricidades pseudo-religiosas como la próxima llegada de los extraterrestres o la inmortalidad, obligan a una pequeña actualización del post. Recientemente la publicación de los libros Biocentrism: How Life and Consciousness are the Keys to Understanding the True Nature of the Universe de Robert Lanza y Bob Berman y el de Sam Pernia,  Erasing Death: The Science That Is Rewriting the Boundaries Between Life and Death sobre las ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte), no demuestran nada. Sostener la inmortalidad basándose en la multiforme teoría de la cuerdas, imposible de probar a día de hoy y que afecta a la descripción de las fuerzas naturales y a las partículas elementales, pero no a la vida, es un exabrupto intolerable.  Lo mismo con las ECM, sólo demuestran que los humanos tenemos cosas en común y que hay experiencias que nos hacen perder el miedo, pero no mucho más. Ante el ocaso de las religiones y la ideologías, Occidente encuentra alimento a su espiritualidad en la irracionalidad, mientras la miseria nos sigue ahogando.

 
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