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El precipicio digital provocado por la crisis energética, pone en peligro el proceso de digitalización. Pero muchas cosas sensatas pueden hacerse para gestionarlo. Una de ellas es la responsabilidad social corporativa (RSC) de la digitalización: la Responsabilidad Digital Corporativa.



El proceso de digitalización es un proceso social además de empresarial. El éxito de las tecnologías que han nacido alrededor de Internet han disparado el consumo eléctrico de manera insostenible. Teniendo en cuenta que la fuentes tradicionales de energía se agotarán en cuestión de décadas, la digitalización del yo y de todas las cosas, la que va a llegar a todos los aspectos de la vida, no va a poder suceder como imaginamos. No puede ser que un móvil consuma como una nevera o que un e-book consuma más CO2 que leer el mismo libro en papel. Por no hablar de la imparable progresión del Cloud y los Datacenters que son la mayor fuente de consumo IT, de los cuales al menos el 50% de la electricidad consumida es para refrigerarlos. Igual que el petroleo pasó su peak oil, la sociedad pasará lo que hemos denominado digital peak (o cénit digital o pico digital), a partir del cual sólo podrá decrecer. Y el resultado será muy precipitado. Lo que llamamos Digital Cliff (precipicio digital o desaceleración digital o caída digital). Será el momento en que deberemos empezar a priorizar en qué vamos a gastar la energía y de que podemos prescindir. La digitalizción en su repliegue podrá ser mejor pero no más. De nosotros depende. Lo que está claro que la promesa de la digitalización que va invadir todas nuestras vidas, quizás no tenga lugar como la estamos planteando y también define nuevos desafíos éticos. La digitalización va ligada a la monetización de todos los aspectos de la vida, razón por lo cual la sociedad y las personas a nivel individual, deben empezar a establecer sus límites. 

La película Naves Misteriosas: digitalización contra naturaleza

A nivel de empresa ha llegado el momento de ser responsables con la transformación digital. Nosotros estamos ciegamente convencidos de los beneficios de la digitalización, ya que llevamos casi toda la vida dedicados a ello, pero esto no quiere decir que todo vale. Por tanto, dentro de la llamada digital transformation, hay que introducir además de los temas de transformación de la cultura de empresa y de negocio, los de la responsabilidad social. La transformación digital debe ser responsable y sostenible.

Un ejemplo interesante es el compromiso de Google con la responsabilidad ambiental, como uno de los mayores usuarios de datacenteres del mundo. Vale la pena visitar la página de esta empresa al respecto para ver con que detenimiento nos explican sus decisiones y su funcionamiento: http://www.google.com/about/datacenters/.

Un datacenter de Google
Aunque la RSC es algo en constante evolución y que está en sus inicios y por el momento sólo aplicado en empresas de gran tamaño. Nosotros proponemos que las empresas adopten una serie de políticas sobre la digitalización a las cuales llamamos Responsabilidad Digital Corporativa (RDC), la cual sería una parte del conjunto más amplio de la Responsabilidad Social Digital, que incluiría por ejemplo a la Administración Pública y de los Gobiernos, pero a nivel empresarial sería una parte, más concretamente, una intersección de la RSC. Como perspectiva general podemos decir que la digitalización será verde y optativa o no será.  La RDC debe encargarse de velar por ello.

Digitalización verde quiere decir que hay que conseguir, que las tecnologías digitales sean sostenibles energéticamente, y en todo caso, ahorren más que sus equivalente analógicas. Es la dimensión económica.

  • Gestión ambiental digital: Las grandes corporaciones dentro de la RSC han empezado a implantar normativas de gestión ambiental como las normas ISO 14000, estas deben tener especial dedicación a la parte IT, especialmente al contratar servicios externos de Cloud. El ahorro energético debe ser una prioridad absoluta en todo lo que tenga que ver con la digitalización, pero no suficiente ya que el objetivo es la autonomía energética, intentando tener más del 50% de la producción de electricidad en fuentes renovables propias. 
  • Innovación social-energética: Las empresas tanto para sí mismas como para el mercado tienen que contribuir con el desarrollo de productos y servicios que permitan un uso eficiente y sostenible de la energía. Pero también contribuir a la innovación social que significa inventar nuevas formas de vivir a través de nuestros productos. 
  • Desagregación territorial: Probablemente tendremos que revisar la economía e la globalización y reterritorializar procesos para una mayor eficiencia energética. Los costes energéticos serán superiores a los salariales. Pero esta reterritorialización no será una centralización, será descentralizada y los equipos de trabajo estarán desagregados en diversos centros territoriales, algo así como un teletrabajo distribuido pero no en casa sino en centros de co-work. El transporte será demasiado caro con lo que habrá que agrupar a los empleados por zonas.
 El Hotel Songjiang como muchos edificios sostenibles es de momento una imagen 3D


Digitalización optativa quiere decir que no se puede obligar a la gente a utilizar tecnologías como la digitalización del yo o la digitalización del todo y debe haber alternativas para estas personas. Es la dimensión ética.
  • Opt-out: Los productos deben tener sus propias listas Robinson, un usuario debe poderse autoexcluir de la utilización de una tecnología digital invasiva de su propio libre albedrío.
  • Moratorias: Las tecnologías cuyos efectos sociales nocivos y que desafían comportamientos establecidos, deben ser congeladas. No cualquier progreso es positivo y beneficioso por si mismo, incluso en muchos casos quizás lo sea, pero puede darse el caso que no estemos socialmente preparados y haya que retrasarlo, como sucede con la ingeniería genética.



La Responsabilidad Social Digital es un tema muy serio, que afectará especialmente a la generación de nativos digitales como son nuestros hijos y debemos protegerlos de nuestros propios desmanes.

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