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Aaron Swartz fue un niño prodigio. A los 14 años fue coautor de las especificaciones RSS y a los 15 de las de Creative Commons. Fue co-fundador de Reddit y creador del Open Library Project y muchas hazañas más. Aaron fue uno de esos hackers, que se dedicaron a emprender socialmente, a intervenir activamente en la política digital. Fué una de las personas clave para que la ley SOAP fuera bloqueada en el Congreso de EEUU. El 11 de enero de 2013 fue hallado muerto en su apartamento, a la temprana edad de 26 años. Por su activismo, se enfrentaba a multas por valor de 4 millones de dólares y hasta 50 años de cárcel. Tim Berners-Lee, el padre de la World Wide Web, amigo suyo escribió "Aaron está muerto. Caminantes del mundo, perdimos a uno de nuestros sabios. Hackers por derecho, perdimos a uno de los nuestros. Padres todos, perdimos a un hijo. Lloremos".

El tema clave que desencadenó todos los problemas, que le llevaron hasta la muerte, fue el plantearse el libre acceso a las fuentes del saber. Durante un cierto tiempo estuvo hackeando desde el sotano del MIT, revistas científicas con la intención más que probable pero nunca realizada, de ofrecerlas gratuitamente en Internet. Todos conocemos varios procesos contra la mal entendida "pirateria" o nuevas concepciones de la propiedad intelectual. Un caso sonado fue Napster. La industria discográfica fue desafiada en su modelo de negocio tradicional y reaccionó con una criminalización de la tecnología digital del bien común. Sin embargo, la industria se adaptó posteriormente y hoy en día existen nuevos formatos como Spotify o iTunes, que permiten un modelo de negocio más acorde con la era digital. Sin embargo, Swartz puso en evidencia una industria poco conocida para los comunes mortales, que es la de las publicaciones del mundo académico.


El mercado del saber

Las multinacionales de las publicaciones científicas llamadas STM (Scientific-Technical and Medical Publishers), como Elsevier (destacado líder con casi el 30% del negocio mundial) o Springer, Blackwell, Wiley, reaccionaron más agresivamente, que otras industrias, con el apoyo del FBI y de leyes obsoletas. Y aunque la propuesta del bien común digital de Swartz, como enunció en su Open Access Manifesto (ver Guerilla Open Access Manifesto), sea demasiado rompedora, sin duda ha denunciado una situación de monopolio y de dominio del saber, vergonzosa. Un auténtico secuestro del saber por parte de ciertas multinacionales, que no resistirá mucho tiempo el empuje de las tendencias del bien común y modelos de negocio alternativos. 

El mercado mundial de STM se cifra en 24.000 millones de dólares (ver The stm report), con un crecimiento sostenido de más del 5%. El margen de las editoriales de revistas científicas tienen un margen medio del 37%, más que Google o Microsoft. EEUU representa casi el 60% del consumo mundial y aproximadamente el 50% es ya consultado en formato electrónico, aunque prácticamente todos los fondos están disponibles online. La industria emplea directamente a más de 100.000 personas e indirectamente a 30.000. Entre 1986 y 2006 los gastos en revistas en los centros de investigación aumentaron un 361%. Por ejemplo, Tetrahedron, una revista de química, la suscripción anual a una biblioteca universitaria cuestala friolera de 20.269 USD. La media de una suscripción anual a una revista de química no baja de los 3.000 USD. Muchos académicos están en desacuerdo con la política comercial de estos monopolios y en muchas ocasiones se han sumado a varios boicots. Según The Economist "publishing obscure academic journals is that rare thing in the media industry: a licence to print money" (ver Open sesame When research is funded by the taxpayer or by charities, the results should be available to all without charge, The Economist, 2012).



El círculo cerrado del saber

El ciclo de investigación académica concluye con la publicación de un artículo en una revista científica. El ciclo comienza con una idea, que cuando es aprobada por el centro de investigación o docente donde se haya el investigador, se busca financiación privada o pública o mixta. Hay que resaltar, que la gran mayoría de la financiación proviene de fondos públicos. Una vez se termina la investigación, se diseminan los resultados mediante, libros, ponencias en congresos y sobre todo, con la publicación en una revista especializada en la materia, que tenga una gran reputación. El ciclo de investigación suele convertir lo público en privado, y tanto autores como Universidades o Centros de Investigación, ceden gratuitamente sus derechos de propiedad intelectual a las Corporaciones del Saber. La base para empezar una investigación es leer todo lo publicado recientemente sobre un tópico determinado y esto sólo puede hacerse mediante la consulta de muchos artículos. Para alguien, que no trabaja en un centro de investigación abonado a las revistas más relevantes, una investigación mínima de unos 50 artículos individuales, le puede estar costando un mínimo de 2.500 EUR. Esto hace complejo investigar a alguien, que esté fuera del sistema del saber. 

Las revistas disponen de comités de expertos y del proceso del peer review para valorar la originalidad de las conclusiones de una investigación, con lo cual si un descubrimiento o una una contribución científica, no se publica en una revista, no tienen la menor validez. El círculo de la investigación académica, es un circulo completamente cerrado, que nadie que no esté en él, puede realizar ninguna contribución. Existen muchos ejemplos históricos de científicos, como por ejemplo Einstein, que trabajaron fuera de ese círculo, con contribuciones extraordinarias para la humanidad, que hoy en día nada podrían hacer y serían olvidados en la más absoluta miseria. Por eso, es tan crucial la denuncia de Swartz. No sólo se trata, que la Universidad se conecte con la empresa, sino que la empresa y la sociedad se conecten con la Universidad. Que cualquiera pueda acceder al saber y contribuir a él. No todo el profesorado, ni los investigadores profesionales, contribuyen significativamente al avance del conocimiento, más bien diríamos, que es precisamente desde fuera, desde la libertad total de pensamiento, desde la creatividad ilimitada, libre del corsé académico, donde surgen las mayores contribuciones. Einstein realizó muchos de sus investigaciones teóricas en una oscura oficina de patentes. También podemos citar el caso del adolescente prodigio Jack Andraka, que ganó el Smithsonian American Ingenuity Award por la invención de un nuevo método para detectar el cáncer de páncreas, sin ser un investigador universitario. Es imposible investigar sin un acceso abierto a las publicaciones científicas. Esta situación debe acabarse.
Einstein cuando trabajaba en la oficina de patentes

La disrupción del saber


Uno de los primeros síntomas de que algo está cambiando en la industria, ha sido la compra de las start up Newsflo (herramienta que mide el impacto social del trabajo académico) y Mendeley (herramienta de colaboración académica), por parte de Elsevier. Están surgiendo nuevas estructuras de precios más competitivas, nuevos modelos de negocio y también han empezado a surgir iniciativas y plataformas de acceso libre, así como también editoriales sin ánimo de lucro. Existen muchas iniciativas de Open Access como Sustainable Open Access, Budapest Open Initiative, Open Society Institute o la SPARC (ver directorio de revistas de acceso libre Directory of Open Access Journals). Mucho está cambiando, pero no es suficiente. La inmensa mayoría de artículos siguen siendo propiedad de las corporaciones del saber y no están disponibles para la sociedad o lo están a precios desorbitados. Sin hablar además, del poderoso control, que ejercen sobre lo que se investiga y sobre lo que se publica, porque sobre lo que no se publica no se investiga
Mi página en Academia.edu
El saber es un bien común, que debe ser accesible por todos, sino gratuitamente, al menos al coste de una suscripción razonable. Al igual que los MOOC (Massive Open Online Course), como Coursera, donde se puede asistir on line a los mejores cursos de las mejores Universidades, cualquier no académico debería poder realizar cursos de nivel en esas plataformas. No sólo se trata de tener una distribución barata o gratuita de todo el saber de calidad, sino también de poder producir saber de calidad, contribuciones científicas destacadas, desde cualquier entidad o circunstancia. Acceso libre al conocimiento y a la publicación científica, sin perder el rigor de una open peer review. Interesante iniciativa en este sentido, es la de Academia.edu, como plataforma abierta, para que investigadores independientes puedan compartir sus trabajos.

El saber es producido principalmente por la comunidad académica, pero también lo puede ser por muchas personas con talento y formación, que trabajan en el mundo de la empresa. Hay que salvar a los profesores e investigadores de verdad, estén donde estén y no a los burócratas o al corporativismo académico. El saber y la educación son parte del procomún social digital. Como sostiene el premio Nobel, Eric Maskin, la manera más eficaz de reducir la desigualdad social es dar una mayor oportunidad a la sociedad de acceder a más conocimientos.



Documental integro sobre Aaron Swartz

The Internet's Own Boy: The Story of Aaron Swartz

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