En 1931 el gobierno brasileño decidió quemar los excedentes de café para impedir, que los precios se hundieran. El café se utilizó para hacer funcionar los trenes, alimentado sus locomotoras a vapor. Un gran aroma arropaba a los viajeros. Un excedente concede poder, se conserva o se destruye, con la intención que se incremente su valor y su precio. Con el exceso de mano de obra ocurre lo mismo. A pesar de los bonitos discursos de lucha contra el paro, el sistema está destruyendo el excedente. Discretamente, se deshace no sólo ya de lo improductivo, si no de lo que no crea valor, con la destrucción del Estado Social y con la digitalización del trabajo, mediante sistemas de inteligencia artificial.

Muchos no recuerdan, que los excedentes de trabajo siempre han existido y se han utilizado las más escabrosas soluciones para ello, desde la esclavitud a los gulag, pasando por los campos de concentración. El excedente agrícola fue el padre del Estado en la antigüedad.

La dualización de la sociedad entre población activa e inactiva es irreversible, entre integrados y excluidos, entre exceso y escasez. La población en riesgo de exclusión social nunca ha sido tan grande. La precarización del trabajo, la expulsión de muchos empleados menos formados o que aportan menos valor, que la población activa media, se va a incrementar de manera significativa en los próximos años, debido a la transformación digital del trabajo también llamada Tercera Revolución Industrial. Esta es una auténtica producción de la miseria, consecuencia inevitable decrecimiento económico. Sólo mediante crecimientos sostenidos del 3% se puede conseguir algo parecido al pleno empleo. Pero ya no se puede crecer y para el paro estructural, sólo existen dos alternativas: o el salario social o la exclusión social. La reducción del excedente de mano de obra, permite incrementar el valor, cuando este resulta extremadamente difícil de producir.

Sin embargo, no se puede sustituir todo el trabajo humano por robots, porqué si no no habría valor. La robotización no es infinita. El diferencial del valor es algo humano, no porqué este hecho por humanos si no porque es para humanos. En el el momento, que automatizamos una tarea, le quitamos valor generalizándolo e igualándolo, mantenemos un trabajo y un precio, pero no hay un diferencial de valor. Automatizar quiere decir copiar. Si podemos hacer "Picassos" igual que los  originales como churros, no tendrán valor, tendrán un precio barato y habrán tenido un coste de producción bajo, un coste de reproducción marginal tendiente a cero, y por tanto, el valor será también residual, casi cero. Cuanto mayor es la productividad, menor es la capacidad de crear valor y beneficios. El limite de la automatización es el trabajo humano. Si se automatizara todo el trabajo humano, sería porqué no hay humanos y los productos son para robots, que no necesitan de un valor. El valor tiene relación con el significado y el significado con la mortalidad, y los robots sólo pueden imitar este sentimiento humano pero no tenerlo. Porqué si tuvieran conciencia de su finitud, serían tan humanos como nosotros y apreciarían el valor y no haríamos distinción alguna con ellos. Serían una raza más.
Quizás no nos quiten el trabajo, pero ¿qué pasa con las mujeres?
El referente último del dinero es la producción o sea el tiempo de trabajo social medio, que es el que crea el valor. Sin embargo, recientemente el capital financiero y desde que existe el sistema de tipos de cambio flotantes, ha convertido el dinero fiat en autorreferencial, en un mecanismo de puro dominio, alejado de la producción real, que incluso destruye el valor del trabajo socialmente producido, para conseguir mantener el nivel global de beneficios. El sistema de dominio monetario tiene su contrapartida, no en el oro, sino en la fuerza militar. Estoy de acuerdo con Marc Vidal, cuando afirma que nunca bajará el paro (ver Si nunca bajara el paro ¿que sucedería? ). El excedente no bajará, sólo puede destruirse. Y los encargados serán los robots.

Existe una clara diferencia en cómo enfocar una política monetaria, en cómo gestionar la oferta monetaria, ante el reto de evitar o posponer el colapso energético y digital. Algunos teóricos liberales filo-ecologistas como Rifkin, parecen haber redescubierto las tesis de Georgescu-Roegen, sobre las restricciones termodinámicas de la economía. Es cierto, que la economía tiene que tener en cuenta todo el proceso energético, y no puede olvidar las restricciones de la segunda Ley de la Termodinámica, que la determinan. Pero la energía sola, no produce nada. Lo que transforma la naturaleza es el trabajo humano, que es en definitiva, el que le trasmite un valor de uso y de cambio. El referente del dinero es siempre el valor, y el valor es el producto del trabajo humano social medio necesario, para la transformación de las materias primas, mediante energía. La energía es parte del proceso, pero no es lo mismo, que el trabajo humano y este no puede borrarse de la ecuación diciendo que el último referente del dinero es la energía: "money is the language rather than the substance of the real economy. Ultimately, the economy is, and always has been, a surplus energy equation. As such, it is governed by the physical laws of thermodynamics, and not by the man-made laws of the market" (Morgan, T. Life After Growth, p11), a riesgo de ocultar, que detrás del dinero hay relaciones sociales reales, lo que convierte estas afirmaciones en ideología, más que ciencia.
No se si nos toman el pelo...
Los robots, el trabajo digital no crea valor. La producción y la reproducción digital no crean valor, son un metatrabajo, un trabajo derivado.  Cuando algo es digital, es repetible y su coste es marginal. Sólo la innovación digital y el crecimiento geométrico del uso en red, crea valor, aunque ciertamente a base de destruir valor analógico. Sólo la invención humana y sus consecuencias, crean valor, valor con un margen cuyo diferencial es significativo, por eso es imposible sustituir la totalidad del trabajo humano por robots o máquinas inteligentes o inteligencia artificial. Existe un límite, aunque ese límite pueda ser muy alto. En pocos años podría ser del 50%, pero probablemente nunca sería más del 80%-90%. Eso no significa, que no vaya a crear no pocos problemas sociales. Al contrario, pero la automatización de los servicios, al igual que ya ha ido ocurriendo con la robotización de la industria, sólo hará que agravar los problemas energéticos y el acercamiento del colapso digital.
Mmmh, ¿por donde les voy a fastidiar?
Las redes de robots y la inteligencia artificial, comportarán el advenimiento de la singularidad. Según Kurzweil ocurrirá muy pronto, ya en 2022. Este es el plan de valorización del capital, pero según el célebre físico Stephen Hawking, podría significar el fin de la raza humana. La raza humana contra la raza inhumana: ¿quien será el racista entonces? El resultado sería la creación de una nueva especie inteligente no biológica o híbrida, con vida independiente, que podría ser una amenaza (probablemente o no), dependiendo de su evolución, de su necesidad de luchar contra nosotros por su supervivencia, por la energía disponible. Entonces ya no tendría que ver con nosotros, pasarían de lo accesorio a ejercer su propia autodeterminación robótica, una rebelión de los androides, o de ordenadores inteligentes como HAL, con lo que tendrían su propio significado y su propio valor y también probablemente desarrollarían su mayor miedo, la muerte por falta de energía. Un buen sucedáneo de nuestra finitud irreversible.

En esta situación su valor, no sería ya un valor asimilable al nuestro. Es imposible sustituir el valor y el significado humano. La inteligencia artificial es para nosotros humanos y producida por nosotros. Y eso es irreductible, y si deja de serlo, ya no será algo que sustituya a nuestro trabajo, será el suyo. La destrucción del excedente de trabajo nos aboca a retos mayúsculos. ¿Extinción o autoextinción?

Quizás nuestro destino sea convertirnos en pilas alcalinas como en Matrix, pero que duran y duran.

 
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