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El 31 de marzo de 2014 el Tribunal de la Haya prohibió definitivamente la llamada caza científica de las ballenas, un subterfugio legal, por el que los países de tradición ballenera,  seguían cazando especies con fines comerciales,  a pesar de la prohibición de 1982. La caza de las ballenas es el mejor ejemplo de la imposibilidad de un crecimiento infinito para un recurso finito. Y es el mejor ejemplo también,  porqué por primera vez el hombre se auto-impuso un límite: una moratoria para la caza de ballenas. No creemos aún bastante, que ya estamos en el debate entre crecer ilimitadamente hasta extinguirnos o ponernos límites e intentar salvarnos. Todo depende de nuestra responsabilidad social.

Nuestra vida está irremediablemente unida a la de todas las especies del planeta. Pero si hay una en especial, que nos hace sentir pequeños, son las ballenas. Son el mayor animal de la Tierra -incluso de la historia. El primer lugar se lo lleva la ballena azul (Balaenoptera musculus), que en su máximo esplendor puede llegar a los 30 metros de longitud y 190 toneladas de peso. Debido a su tamaño, no fue el primer objetivo de los balleneros, por la dificultad de cazarla. El objetivo principal de la caza ha sido históricamente la ballena gris (Eschrichtius robustus), que puede llegar hasta 15 metros de longitud y 40 toneladas de peso. La ballena gris, a pesar de su enorme tamaño es conocida por sus saltos panza arriba fuera del agua, como si fuera más ligera que el aire. El espléndido animal llega a recorrer en sus migraciones hasta 20.000 km. La ballena gris vive en pequeños grupos de 3 a 5 miembros, incluso mayores. Actualmente, en el noroeste del océano pacífico, sólo quedan 130 ejemplares. Uno de los más crueles ejemplos de caza y explotación de la naturaleza en la historia de la humanidad, es precisamente, la caza de ballenas. Japoneses y noruegos utilizan una técnica: matan primero a las crías, luego las ballenas adultas las rodean intentando protegerlas, y entonces es cuando disparan sus arpones y realizan la matanza. 

En 1947, la Comisión Ballenera Internacional (CBI, o IWC en inlgés, The International Whaling Commission) declaró a la ballena gris especie protegida, excepto una cuota de caza anual para los aborígenes. 1968 comenzó la caza moderna, que introdujo métodos de caza tan salvajes, como la "arpón cañón", disparado directamente desde el barco o el "arpón explosivo", que explota una vez clavado en el cuerpo de la ballena. En 1982 se prohibió la caza comercial de ballenas en los países, que formaban parte de la CBI, debido a una elevada presión social y al lamentable estado en el que se encontraban las poblaciones de estos mamíferos. A pesar de estas prohibiciones, varios países con tradición ballenera, siguen acabando con ellas. Noruega presentó una objeción oficial a la moratoria en 1982 y continúa cazando en el Atlántico Norte. Islandia abandonó la CBI en 1992, pero se reincorporó en 2003, con una objeción a la moratoria y comenzó la caza comercial en 2006. Japón ha seguido cazando ballenas en la Antártida y el Pacífico Norte, utilizando una laguna de la moratoria a la caza comercial de ballenas, que permite la caza para “investigación científica”. 

Sin embargo, esta “caza científica” era una farsa, ya que la carne de ballena, luego de dudosas investigaciones científicas, se empaquetaba y se vendía en el mercado. En 2008, dos miembros de Greenpeace Japón, Junichi Sato y Toru Suzuki, destaparon el escándalo de contrabando de carne de ballena y demostraron cómo la carne llegaba a los mercados. A pesar de las pruebas, fueron condenados a 18 meses de prisión en un proceso judicial lleno de irregularidades. En marzo de 2014 el Tribunal Internacional de La Haya declaró ilegal la caza de ballenas con fines científicos de Japón en la Antártida. Sin duda, mucho de esta prohibición se la debemos a Greenpeace, que con muchas arriesgadas acciones de propaganda ecologista ante los balleneros y mediante la difusión de una información rigurosa, ha conseguido una concienciación incluso en el mismo establishment.
Greenpeace al ataque del ballenero japonés Yushin Maro
Hemos mencionado ya varias veces el premonitorio estudio del MIT encargado por el Club de Roma y  publicado el año 1972, sobre los límites del crecimiento. Dicho libro de prospectiva, The Limits to Growth, fué revisado en 2004 (Limits to Growth: The 30-Year Update) y en 2012 (Les limites à la croissance dans un monde fini) con nuevos datos, que han confirmado de manera aplastante y muy preocupante, las más perversas previsiones, realizadas en la primera edición. El libro realiza un modelo del mundo computerizado llamado World 3, basado en la teoría de la dinámica de sistemas y en ingentes bases de datos de las variables clave (población mundial, industrialización, contaminación, producción de alimentos y agotamiento de recursos), para predecir las consecuencias del crecimiento económico. La investigación fue capitaneada por Donella Meadows (su marido también estaba en el equipo, lo que la eclipsó al inicio de su carrera), que se convirtió en todo un referente de dedicación a la cuestión. Donella realizó un significativo resumen de la revisión de 2004 (A Synopsis: Limits to Growth: The 30-Year Update) de obligada lectura, que se resume en el gráfico de aquí abajo. Antes de 2025 hay un punto de inflexión en el que decaen estrepitosamente los recursos. Mucho más aterrador, que ese acantilado, es el dramático repunte de los fallecimientos a partir del 2050. Este es el ajuste bestia de la naturaleza: unos 3.000 millones de decesos en 50 años. El mundo se va a convertir en un lugar inhóspito, si no ponemos remedio.

¿Hemos llegado al punto de inflexión?

Donella en el Informe del '72, puso en ejemplo paradigmático para tomar conciencia del expolio ilimitado de recursos limitados, el de las ballenas. El principal interés de la industria ballenera era la extracción del aceite de ballena. En la imagen más abajo, hemos fundido dos gráficos, que aunque tienen dimensiones diferentes, comparten la escala temporal. Por una parte, el de la extracción del aceite de ballena  y por la otra, el de la potencia de los barcos balleneros, como medición del consumo de energía. Mientras el primero se mantiene, para luego bajar considerablemente, el segundo muestra que los barcos balleneros son cada vez más grandes y necesitan más combustible para cazar cada vez menos ballenas disponibles. Este es un ejemplo exasperante de entropía  y de la ley de los rendimientos decrecientes (ver La ley de los rendimientos digitales decrecientes). No por más energía dedicada a extraer un recurso después de su cénit, se puede evitar, que ese recurso decrezca rápidamente. Ese punto de inflexión, del tipo trampa neomalthussiana, se produjo durante los años '60. 

Los balleneros fueron aniquilando una especie de ballena tras otra, resistiendo a cualquier prohibición. Sin embargo, la única solución para la sosteniblidad es la autolimitación humana: lo que fue la moratoria de 1982. De lo contrario, no sólo las ballenas hubieran desaparecido, sino los mismos balleneros, aunque nunca pensaron en ello, guiados por el cortoplacismo. Desde la moratoria las capturas bajaron en picado y algunas especies de ballenas pudieron reproducirse y mantener poblaciones estables.
"The basic choice that faces the whaling industry is the same one that faces any society trying to overcome a natural limit with a new technology", Meadows, D. H. y otros The Limits of Growth, 1972, Universe Books, p151 
Y añade, para hacer énfasis que estamos en la misma tesitura:
"Is it better to try to live within that by accepting a self-imposed restriction on growth? Or is it preferable to go on growing until some other natural limit arises, in the hope that at that time another technological leap will allow growth to continue still longer?", Meadows, D. H. Op cit, pp151-152
 La humanidad está frente a su propia responsabilidad y su capacidad de tener suficiente conciencia de supervivencia como especie
"There may be much disagreement with the statement that population and capital growth must stop soon .. But virtually no one will argue that material growth on this planet can go on forever. At this point in man's history, the choice posed above is still available in almost every sphere of human activity", Meadows, D. H.Op cit, pp151-152
Datos de Whale and Dolphin Conservation (WDCS)
En la película Star Trek IV: misión: salvar la Tierra de 1986, -la más brillantes de la saga-, los miembros de la USS Enterprise, captan unos mensajes de alerta de un artefacto alinígena, que provoca un desastre climático en la Tierra. Spock, estudiando dichos mensajes, logra comprender, que son similares a los sonidos de las ballenas grises, ya extinguidas en su avanzado tiempo. Un equipo de la nave emprende un viaje al pasado, para traer un par de ballenas grises a su tiempo futuro, ya que son las únicas que pueden comunicarse con la sonda alienígena. Luego las devuelven a su tiempo para que se comuniquen con la sonda y le envíen la respuesta correcta, salvando así el planeta Tierra.

La película de StarTrek es como una fábula, que explica la interdependencia de la especies en la biosfera. La absoluta necesidad, como decía Donella, de autolimitarnos.  La moratoria de las ballenas, es el ejemplo simbólico, de la limitación inteligente de la tecnología, para evitar un crecimiento insostenible. Por eso, hemos propuesto una moratoria digital para casos específicos (ver el post Digitalizar y castigar: los derechos digitales y mi artículo, BUSOM, R. y SANCHEZ, J. "De la política a la inteligencia social", en Anthropos, num 164, enero de 1995, Invención informática y sociedad. La cultura occidental y las máquinas pensantes, pp20-32,  p29 donde se habla por primera vez de moratoria sobre la técnica). Es la lucha entre racionalidad y supervivencia, contra irracionalidad y el suicidio, como en el cuento de la hormiga y la cigarra. Unos pocos hombres muriendo por matar las ballenas y otros muriendo por impedirlo. ¿Hay algo más absurdo?


Más datos sobre la captura de ballenas




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