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Todos los mitos acaban cayendo. Al, final todos somos humanos. La brillantez del talento en algún aspecto de la vida, suele estar reñida con la de otros. Este es el caso de Steve Jobs, que el reciente documental The Man in the Machine, descubre las facetas más polémicas y desagradables del mito. Me pregunto si incorporaríais a un Steve Job en vuestra empresa.

Para los que hemos leído la biografía de Walter Isaacson (744 páginas, que en la edición de Kindle asustan menos y que fue de obligada lectura para entrar en mi empresa), nos hemos hecho una idea de la complejidad y las contradicciones personales del personaje. Hemos leído cosas tan curiosas como, que se lavaba los pies sucios de su andar descalzo por la empresa en el váter. A pesar de todo, Jobs sigue siendo un genio con un liderazgo indiscutible, que se sirvió de muchos genios anónimos o menos conocidos, que en el mejor de los casos, se llevaron unas suculentas stock options y no porqué se lo merecieran según Jobs, si no porqué los consideraba de su propiedad y no quería que se fueran a la competencia. Entre las muchas cosas, que afloran en el documental de Gibney como la negación a hacer algo con los suicidios y las extremadamente crueles condiciones laborales de Foxconn -la fábrica de Apple en China-, lo que más nos interesa es entender la relación con sus equipos.

Steve Jobs sufría un trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad (TPOC). Este tipo de personas son altamente funcionales y están convencidos, que su forma de pensar es absolutamente correcta y superior a la del resto. Responden a un patrón psicológico de preocupación por el orden, por el perfeccionismo, el control mental e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, la apertura y la eficiencia. Las normas sociales no están hechas para ellos. Muchos de sus colaboradores decisivos como Wozniak, Scully y muchos otros, acabaron siendo despreciados, abandonados u odiados de por vida. Entre los empleados más allegados se hablaba, que cuando te relacionabas con frecuencia con Jobs, caías en un campo de distorsión de la realidad. Él era una persona intensa, maximalista, ultraexigente, pero también inspiradora, decidida, creativa, visionaria y seductora. Con lo cual, mucha gente sufría con él y se autodestruía en la consecución ciega de los objetivos imposibles de los proyectos de Apple. Esa dependencia emocional, que se construía sobre la idea de que se estaba haciendo historia, era desgarradora cuando el genio les pagaba con la hipercrítica, el odio, el desprecio o la indiferencia. Jobs trabajó para HP y para Atari en cortos periodos de su vida. Si no llega a fundar Apple, es probable, que una personalidad como la suya, y no por su parte creativa, sino por su capacidad de maltrato a la gente, hubiera tenido una vida complicada como empleado. Y no digamos hoy en día, en las empresas digitales, donde la inteligencia emocional y la cooperación ágil entre pares, es un requisito imprescindible de la cultura organizativa. Y sería muy difícil, que alguien así, tan cruel y dedicado a vejar a sus colaboradores, se sometiera a un coaching correctivo. ¿Alguien reclutaría a este personaje tan pretencioso? Si alguien te dice hoy "no me iré hasta que no me des el trabajo", le dirías, "o te vas por donde has venido o llamo a seguridad". Entonces, ¿para captar talento qué tenemos que hacer? ¿Aceptar maltratadores piscológicos? o ¿prescindir de nuestros criterios de recruitng actuales? La pregunta no es trivial, o perderemos al próximo Steve Jobs, que podríamos contratar. Nunca nacería otra Apple. Nuestros filtros están guillotinando a los genios excéntricos y la complacencia corporativa los está echando, con la máxima “si alguien se hace imprescindible en tu equipo, despídelo”, lo que suena a conjura de los necios. Por eso, el mismo Jobs se dedicaba personalmente al recruiting como actividad fundamental, por eso Apple es hoy la mayor empresa del mundo en capitalización bursátil, por eso el equipo directivo actual, que el escogió, sigue cosechando éxitos, aún después de su fallecimiento. Sin esa capacidad de los fundadores de las empresas, que reclutan con unos criterios diferentes a la certera seguridad del mercado, estaremos perdiendo una dimensión de equipos, donde el sacrificio humano excede sus vidas y las metas de la empresa a las del mercado. Sin esa capacidad de conectar y apasionarse por algo trascendente más allá de lo personal, el trabajo es puro karaokeJobs reclutando a Jobs. Mucho que aprender.
"La contratación es difícil. Es la búsqueda de agujas en un pajar. No puedes conocer lo suficiente de una persona en una entrevista de una hora. Entonces, al final, es en última instancia basado en tus presentimientos. ¿Qué me hace sentir una persona? ¿Como se comportan cuando son retados? Yo les pregunto a todos ¿Por que estás aquí? en realidad no busco la respuesta literal, busco lo que hay bajo esa respuesta." (Steve Jobs)

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