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La creatividad va de romper muros. Los muros que nos impiden ver más allá, ir más allá de nosotros mismos. Que no nos dejan entrar en la habitación de al lado y encontrarnos con el anhelado deseo. Pensar fuera de la caja es desmontar la caja y con ella hacer un avión de cartón. La creatividad es un juego de lenguaje donde arriesgamos la vida entera: "We don't need no education, we dont need no thought control".

Un gran muro está edificando la educación, que nos impide relacionarnos con los conocimientos y las personas necesarias. Muchos muros encajonan la libre voluntad de pensar y de inventar. Con Pink Floid, necesitamos "another brick in the wall". Los niños, en muchas ocasiones, pero sólo en el parvulario, disfrutan por última vez en su vida de una educación multisensorial, creativa y activa. La vanguardia de la educación acaba sospechosamente a los cuatro años. Ya fueron demasiado creativos. Se divirtieron demasiado. Ahora empieza lo serio. El régimen de sometimiento de la voluntad, la máquina de castración de la inteligencia, el mecanismo de desintivación de la creatividad, aplastan a nuestra juventud sin contemplaciones hasta los 18 años. Una educación universal pero industrializada, que los buenos profesores y los centros más abiertos no consiguen revertir, debido a la rigidez del currículo escolar. Y aún quieren hacer un pacto escolar, para mantener el status quo inevitable. La educación industrial del siglo XIX no tiene el menor sentido en el siglo XXI. Tampoco lo tuvo en el siglo XX, pero tuvimos que aguantarnos o rebelarnos. En todo caso, ya lo sabíamos y la sufríamos. Lo que necesitamos es una desregulación educativa, la famosa libertad de cátedra. No necesitamos ya más unos trabajadores obedientes y disciplinados, homogéneos, desprovistos de inventiva. Ni siquiera el sistema los necesita. Desde el momento, que la mayor parte de tareas mecánicas y repetitivas, pueden automatizarse y que la gran mayoría de profesiones de servicios van a ser abruptamente sustituidas por la inteligencia artificial, no tiene el menor sentido enviar a nuestros hijos al matadero del paro estructural. La teoría del valor-trabajo, que ha regido desde la revolución industrial está empezando a flaquear. El valor está en la creatividad y en la innovación, en lo absolutamente diferente y ya no más en lo absolutamente igual, en la estandarización, en la cadena de montaje, en la ingeniería de procesos.

En la Universidad tampoco mejoran las cosas. La hiperespecialización crea profundos ignorantes de todo menos en una materia hiper-reducida, que generalmente no interesa a nadie o no sirve para nada. Una inflación de estudios científicos inservibles y una casta de profesores completamente burocratizada, han matado definitivamente el espíritu del saber. Una Universidad, que vive al margen de la sociedad con normas de tiempos periclitados, es desafiada por instituciones independientes, empresas con centros de investigación, iniciativas digitales distribuidas. Y esto no ha hecho más que empezar. La Universidad ha perdido su espíritu de Universidad Libre, de interconexión de materias, de intercambio de saber. Es realmente complejo crear nuevas materias, nuevas demarcaciones del saber. Pocos referentes como el College de France, han mantenido una línea de inquebrantable independencia del saber. Las instituciones del saber están bajo el control del poder.

El sistema educativo está a punto de saltar por los aires. Pero no desde dentro por una revuelta, sino desde fuera por el desafío de las tensiones provocadas por la tecnología y la nueva economía colaborativa. La obsolescencia del sistema educativo es evidente e inevitable. La maquinaria no sólo somete a los alumnos, sino también a los profesores. La ilusión de iluminar a los alumnos, pronto acaba tornándose en el doloroso desencanto de no poder hacer mucho por ellos. El proceso de normativizacion social se produce específicamente a través de las instituciones educativas. Ellas conforman  la estructura de la realidad en la sociedad. Transmiten la estructura semántica, que da sentido a nuestro mundo y a nuestra vida, pero que también sirve para garantizar su homogeneidad y su control. Nos ponen a todos dentro de las mismas cajas. Fuera están los genios, los artistas y los locos. La jaula semántica se edifica en la escuela y se remata en la Universidad. Y esto es lo contrario de la creatividad. 

Sir Ken Robinson, se ha dedicado a denunciar como las escuelas fracasan en educar a los niños para el futuro, que les va a tocar vivir y que desconocemos por completo. La creatividad es la herramienta que tienen los humanos para adaptarse a lo nuevo y a lo extraño. Por eso, las escuelas deberían también potenciar la creatividad, pero esa creatividad no puede enseñarse, sin romper los muros. Incluso literalmente. Varios proyectos de clase vanguardistas, son al aire libre, o en espacios diáfanos o rompen con la disposición clásica del aula medieval. Pero especialmente hay que romper muros a nivel de contenido. 



La creatividad consiste en relacionar cosas, que habitualmente no se relacionan. La creatividad es un producto evolucionado de la sinapsis neuronal. Como hemos dicho en otro post (Por una Teoría de la Creatividad Especial), creatividad es transformación semántica original. Para relacionar conceptos, primero hay que decrear, destruir paredes, que separan conceptos y volverlos a enlazar de manera diferentes. La Teoría de la Creatividad Especial debe empezar desde niños y debe conseguir, que los adultos no dejen de jugar como cuando eran niños.

"Hey! Teachers! Leave them kids alone!"


BONUS: VIDEO PINK FLOID - ANOTHER BRICK IN THE WALL


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