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Existe un aparato de propaganda, que mitologiza ciertas herramientas para la emprenduría. Este es el caso del Design Thinking. Existen multitud de técnicas de innovación, pero sólo algunas venden. Unas pocas son las que se estandarizan. Si todo el mundo utiliza el Design Thinking, al final, no habrá productos disruptivos. La innovación se convertirá en un karaoke y la auténtica innovación volverá a ser un proceso artesanal.


1. Un cierto manifiesto por la Innovación Deconstructiva

La innovación es una cultura. Debe impregnar toda la empresa. Cualquiera debe poder participar en el proceso. No está dicho que deban ser los técnicos o los product managers los únicos capaces. La interacción creativa en una empresa, donde se fomenta el aprendizaje y la experimentación, es el paradigma a seguir. La innovación no debe ser privativa de ningún departamento, debe estar diseminada por toda la empresa, debe ser su ADN. Todos los departamentos deben tener el virus de la innovación y mejorar continuamente, proponiendo nuevas maneras de hacer las cosas. El I+I+D debe ser la filosofía de la empresa.

Este paradigma de cultura de la innovación, por otra parte, completamente necesario en la actualidad para ser competitivo, cae dentro de las técnicas, que son tratadas por lo que llamamos Teoría de la Creatividad General (TCG). Pero existe otro paradigma de innovación, que conforma lo que llamamos Teoría de la Creatividad  Especial (TCE) (ver Las bacterias argentinas y la creatividad especial). Este no está destinado a las empresas en general, si no más bien a personas altamente creativas e inventivas, a departamentos punteros en innovación, a equipos de alto rendimiento, a start up's. No decimos, que a través del Design Thinking no pueda llegarse a innovaciones disruptivas, pero generalmente lo que se obtiene con la TGC, son innovaciones incrementales. En cambio, con la TCE se consiguen auténticas innovaciones disruptivas, porqué sólo se persigue eso.

El Design Thinking y todas las metodologías TGC se basan en la resolución de problemas humanos. Se orienta más en el parche, que en pensar que el cliente se equivoca y en cambiarle el enfoque. El cliente siempre tiene la razón. O no. Pues depende de lo que le preguntes. Lo que es seguro, es que ni tiene todas las respuestas, ni su obligación es tener una alta capacidad de análisis y de anticipación de producto, o una destacada visión tecnológica.

La resolución de problemas es una disciplina ingeniera. Proviene de la algorítmica. Primero de todo, se basa en crear un enunciado del problema, y luego, en proponer soluciones, probarlas para escoger la más exitosa. Es una técnica, que tiene un alto grado de éxito, pero un grado bajo de creatividad para la innovación. Sin embargo, las innovaciones sorprendentes provienen de una creatividad no ingeniera, más bien artística. Estas al contrario, tienen un alto nivel de creatividad, pero también un alto grado de fracaso. El paso del arte figurativo al abstracto, no se pudo hacer resolviendo un problema, sino más bien creándolo. Y eso no quiere decir, que no fuese algo muy técnico y muy trabajoso, en el que hubo que experimentar mucho. Sólo hay que ver la evolución de pintores como Kandinsky o Mondrian para darse cuenta de ello (ver Los límites estructurales de la innovación). A pesar de lo que cree la mayoría de la gente, que desprecia el arte abstracto, el intenso y complejo desarrollo conceptual para lograr ese cambio de paradigma, fue un trabajo honesto y duro, analítico y minucioso, fuera del alcance de cualquier ingeniería. Ese proceso no es formalizable, porqué se parece más a como funcionan las redes neuronales, capaces de aprender y realizar conexiones sorprendentes y arriesgadas, que a un algoritmo predefinido, capaz de resolver un problema de manera rápida y eficiente. Es la computación tradicional, frente a la inteligencia artificial. Por eso pensamos, que en el próximo futuro, nadie podrá superar en creatividad a los ordenadores dotados de superinteligencia. Pero eso es tema para otro post.

Lo que pasa con el arte, curiosamente también pasa con la filosofía o con la ciencia teórica. ¿Acaso la Teoría de la Relatividad resuelve un problema? o más bien, problematiza los conceptos clásicos de tiempo y espacio, lo que nos permite construir una teoría de la gravedad mejor. ¿Donde está la empatía de Einstein?

E = MC2, significa, auténtica Empatía es igual a la masa (opinión mayoritaria) multiplicada por la critica elevada al cuadrado

No sigas a ala masa. La tecnología hace posible lo que ya existe, lo diseñado en la mente, en cambio, el arte hace real lo imposible y la ciencia entiende lo ininteligible. 

La TCE se basa en la creación de problemas, no en su resolución. Existe algo en filosofía que se llama problematización de conceptos. Esto es lo que no puede hacer el Design Thinking. Se trata de dudar hasta los fundamentos de todas las cosas. Lo que damos por cierto, en realidad, es sólo una verdad con fecha de caducidad. Todo puede ser desmontado. Lo sano es ir desmontando las cosas, es lo que nos hace humanos, humildes, mortales. Es lo que hacen los niños. Los fundamentos más sólidos, se vienen abajo en cuanto eres capaz de encontrar una grieta. Y siempre la hay. Toda construcción tiene unas limitaciones estructurales, que son las que son aprovechadas por la destrucción o el desmontaje. Desmontar una creencia, un concepto o un producto, problematizarlos hasta desestabilizar su esencia, para abrir una nueva comprensión, un nuevo marco conceptual, es lo que Schumpeter llamaba destrucción creativa o Derrida, deconstrucción. Empatizando con las personas, sólo puedes hacer una silla mejor, o simplemente añadirle un cojín, pero no una trona Stokke o una silla Balans. El Design Thinking no crea, sólo recrea.
Derrida
Tom Peters habla del efecto WOW. De sorprender a los clientes, de asombrarlos con algo nuevo, que nadie espera y que gusta mucho. Sorprenderlos con algo, que nunca hubieran pedido o se les hubiera ocurrido. Steve Jobs decía que "los clientes no saben lo que quieren hasta que alguien se lo muestra". Y esto es lo que persigue la innovación disruptiva.

Por supuesto, cuando tenemos un problema nuevo, incluso provocado, lo tenemos que resolver, pero la solución es autoevidente. Sólo poniendo en duda lo asumido, dudando de lo que quieren los clientes, se abren nuevos mercados, paradigmas y modelos. Hay que sustituir la empatía por la crítica. Las personas y su opinática, hay que cambiarlos por un análisis cultural, realizado a través del lenguaje. La innovación disruptiva es semántica y actúa sobre la realidad a través del lenguaje, sobre la ontología, creando nuevas ontologías, nuevos significados (ver Wittgenstein no es Frankenstein o el método de la innovación disruptiva). Frente al predecible Design Thinking, que sin duda es lo contrario que pensar, proponemos el pensamiento deconstructivo, la innovación deconstructiva. Un auténtico Real Thinking.
Gehry, la deconstrucción en arquitectura
Pero para poder ejercer el método deconstructivo de la innovación, hay que hacer muchas cosas diferentes y mentalmente peligrosas, correr riesgos de un fracaso extremo, que pueden incluir la destrucción de uno mismo. No es una innovación de de 9 a 5, es una vida para innovar en un ideal, en un sueño. Incluso el éxito, puede ser algo tremendamente amargo, y si no véase la biografía de Tesla. Hay una selección natural muy cruel, y la persistencia en perseguir la meta, puede llegar a ser incompatible con la familia, el confort, la salud, y la felicidad. Hoy en día, en nuestra sociedad, pocos pueden renunciar a eso. La innovación deconstructiva es un campo de batalla con un enorme número de bajas. Muchos preferirán, el entorno seguro y reconocido del laboratorio, donde mezclando tecnologías y lanzandolas al mercado, bajo una mecánica comercialización, podrán tener un reconocido porcentaje del éxito y tener una vida razonablemente convencional. Pero la innovación radical no va de esto. Va de locura, de obsesión, de soledad, de tirarse al precipicio, de nadar contracorriente, para conseguir el premio gordo, la revolución, el cambio de vida más radical. La innovación con pasión. La innovación no como cultura empresarial, sino como estilo de vida personal. La innovación deconstructiva es una opción vital. Para pensar fuera de la caja, hay que vivir fuera de la caja. ¿Te atreves?


2. Una breve aproximación para una propuesta de método

En primer lugar, hay que abordar la parte humana de preparación para el método. Antes de disponerse a la metodología más técnica, hay que proponerse como candidato adecuado para ella. De lo contrario, no surgirá efecto, estamos hablando de un tema muy personal. Hay que tener la actitud correcta y estar en el momento adecuado para aprovechar el método. Avisamos de que se trata de un método altamente peligroso. No lo pruebe nunca solo.


A) PROPEDEUTICA INNOVACIÓN DECONSRUCTIVA

1) Destruir lo que somos. Es tanto como decir, que primero tenemos, que saber quienes somos. Si somos aptos para la innovación o no. Destruir todos los convencionalismos, que nos aparten de nuestro objetivo. Pero tenemos saber cual es este y saber si nos interesa de verdad. Es un acto de conversión completa hacia el objetivo. Un desprenderse de todo lo superfluo y pasar a ser un esclavo de nuestra idea. Dejar de soñar para llegar a ser el sueño mismo. Dejar de ser nosotros, para ser sólo nuestro sueño. Esta es sin duda la fase más complicada y larga. Hay que hacer un diagnóstico-test para saber si estamos cualificados. Y si no, hay que ponerse un tiempo máximo para conseguirlo mediante una capacitación personalizada o abandonar. El resultado de esta fase es conseguir ser el "artista", el "genio loco", el "innovador", en definitiva, conseguir vivir fuera de la caja. 

2) Obsesionarse. Tenemos que enfocarnos obsesivamente en nuestro tópico, en nuestro objetivo, en nuestra idea. Investigar al máximo, saberlo todo y más. Ser un experto y hablar con los otros expertos. La obsesión es a tiempo completo. El ascetismo debe ser completo. No admite negociaciones, ni vacaciones. Se entrega la vida al propósito. Todo conocimiento y toda información será útil. El resultado de esta fase es conseguir establecer la ontología regional, que queremos transformar a base de establecer los mapas semánticos oportunos.

3) Crear el problema. La actitud de la crítica despiadada y constante. La duda completa de todo. La problematización de todos los conceptos relacionados. Aquí inicia el método deconstructivo. Esta es la parte en que empezamos a deconstruir el mapa semántico, a desmenuzarlo, a hacernos preguntas, a desear, a subdividirlo en elementos esenciales a entenderlo más allá del marco conceptual existente. El resultado es una primera transformación analítica en el mapa semántico.

4) Resolver el problema. Aquí es donde continua el método deconstructivo, pero con una resolución creativa del problema. Se trata de la combinatoria en el mapa semántico, aprovechando ejercicios, aleatorios, cambios de perspectiva lateral. El resultado de esta fase es una transformación semántica con el resultado de algo nuevo. Esta fase es iterativa porqué tiene que ir acompañada de pruebas.

5) Ser el problema. Seremos al final los evangelizadores de nuestro producto. A todas horas sin cesar. Este trabajo no permite alguna concesión. El resultado de esta fase es la comercialización agresiva o diseminación persistente del producto.



B) MÉTODOLOGÍA INNOVACIÓN DECONSTRUCTIVA

La metodología técnica de la Innovación Deconstructiva, como parte destacada de la Teoría de la Creatividad Especial, requiere una preparación especial. Para la Innovación Decontructiva las personas no existen. Siempre nos encontramos ante grupos de personas, a una cultura con patrones de comportamiento comunes y discursos estructurados, que son los que nos sirven para analizar y crear los nuevos productos. El enfoque es sociológico más que psicológico.
1) Formalización: Hay que desempatizar completamente con los consumidores, si uno no desea caer en su trampa, en sus percepciones equivocadas, incluso en sus autoengaños. Hay que formalizar una problema, un campo de producto, realizando un mapa con un mismo lenguaje. Un mapa de usos y de significados. En el fondo eso es lo que está en la cabeza de la gente, pero no siempre la gente sabe lo que quiere o sabe expresarlo. Creación del mapa semántico-ontológico.
2) Deconstrucción: El mapa hay que dividirlo en los componentes esenciales. Esta etapa es fundamental. Si no se escoge el nivel de profundidad adecuado para dividir los elementos, la combinatoria no funcionará. Aquí nos servimos del pensamiento lateral, pero ampliado para ser multilateral, multidimensional, según el modelo de hiperboloide de una hoja (ver Por una Teoría de la Creatividad Especial). Fase que también denominamos decreación. Análisis del mapa semántico-ontológico.
3) Combinatoria: Los elementos esenciales, deben ser recombinados entre sí incluso con elementos de otros mapas. Esto puede hacerse de manera guiada o aleatoria, lo que dará como resultado múltiples alternativas. Un acercamiento transponiendo algoritmos genéticos da buenos resultados o con técnicas como CPS (Creative Problem Solving). Transformación del mapa semántico-ontológico.
4) Reconstrucción: Hay que evaluar a las alternativas combinadas y desarrollarlas teóricamente según evoluciones arborescentes. Los árboles más exitosos, según la métricas de puntuación, serán los candidatos para la siguiente fase. Momento que también llamamos recreación. Nuevo mapa semántico-ontológico.
5) Prototipado: Hay que tener un MVP lo antes posible, para poderlo probar. Este proceso puede ser bastante iterativo. Nuevo objeto ontológico.
6) Test: Finalmente, el test del prototipo es esencial. También es muy importante como se define y como se hace. Sin embargo, no vamos a aceptar un rechazo como punto final del desarrollo, sino que lo adaptaremos y segmentaremos  las audiencias. Intentaremos adaptar el mercado al producto y no al revés. Encaje del objeto en la ontología.

Este método está hecho a partir de la reconstrucción de los mayores inventores, de les genios más creativos, buscando una excelencia en la innovación disruptiva, La capacitación no asegura los resultados, pero si la inmensa satisfacción de poner todo el potencial personal a trabajar.

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