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No todo se puede explicar mediante el ensayo y no todo el ensayo explica el todo.


UN DÍA DE PERROS EN LA VÍA LÁCTEA
Rais Busom
2016

Dedicado a Max (obviamente, mi perro).


“Todo el saber, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro”,  Investigación de un perro, Franz Kafka, (1922).




Un día, mientras paseaba por la calle, todos los perros se giraron mirándome fijamente a los ojos. Sin ladrar. Sincronizados. Me sentí como observado por auténticos seres humanos. Sus miradas penetrantes parecían escrutar mis pensamientos. A los pocos segundos, todo volvió a la normalidad. Ellos siguieron empujados por las correas de sus despistados dueños. Pero yo permanecía helado. No sabía cómo entender lo que había sucedido. Siempre hemos oído esas historias de la reencarnación de las personas en animales, pero nunca había creído en esas patrañas. Sin embargo, esas miradas perrunas, tenían mucho de inteligentes. No sé por qué, pero de golpe me vino a la cabeza una idea absurda. Se me ocurrió pensar, que esos perros eran extraterrestres. Para mayor detalle, intuí que eran los vigilantes de una especie extraterrestre, que desde siglos observaba a los humanos. Mi mente científica no daba crédito a tamaña insensatez, pero inexplicablemente, decidí investigar la hipótesis. ¿Y si los perros o quizás incluso las mascotas, fueran androides o animaloides, con la específica función de espiar a los humanos? Aunque no tenía prueba alguna de que esto fuera cierto, partiendo de la premisa débil de que no hay evidencia empírica contrastada de la existencia de vida extraterrestre, tenía que haber una explicación para lo que me había pasado. Además ¿cómo casaría eso con todo el conocimiento científico, que tenemos sobre los animales? A pesar de todos los frenos mentales, que podía encontrar, por alguna razón superior a mí, decidí investigar el tema. El canis lupus familiaris, vulgarmente conocido como “perro”, o en argot “perraco” o en su bella forma femenina “perra”, iba a constituir el objeto de mi investigación científica, que si fuera cierta, también sería una arriesgada actividad de contraespionaje terrícola. Empecé preguntándome: ¿cuántos perros hay en el mundo? Pues se calcula, más bien a la baja, que hay más de 500 millones. La población humana en el mundo son 7.400 millones de habitantes, por lo que hay aproximadamente un perro cada 15 humanos. Aunque sabemos que la distribución es irregular dependiendo de la geografía, pues en Suiza hay pocos mientras en Rusia muchos, y no en todos los lugares viven en los domicilios de las personas, hay que reconocer que es buen sistema de vigilancia. Infalible. La cantidad de información cuantitativa y cualitativa de los hábitos humanos, que pueden reportar los perros es de un valor increíble. Además, parece que algunos están en sitios estratégicos. Están en la policía, en el ejército, en los equipos de salvamento, están con nuestros niños,  guían a los ciegos, hasta el Presidente de los EEUU tiene un perro. ¿No les parece esto muy sospechoso? Sin duda, están preparados y en los sitios idóneos y claves, para tomar el poder en cualquier momento. Si imaginamos por un momento, que los perros fueran sofisticados robots inteligentes, -no para desempeñar sus quehaceres diarios, que a veces cumplen con torpeza-, sino para analizar a los humanos hasta en sus más íntimos detalles, hemos de reconocer, que sabrían demasiadas cosas. Grabación de conversaciones, filmación de escenas –algunas inconfesables-, registro de ADN, transmisión de coordenadas de los objetivos, escanner de ondas de radio, interferometría, espectrografía, etc. Con un campo visual panorámico de 250°, muy superior al humano, lo tienen fácil para tenernos bajo vigilancia. La civilización extraterrestre, que poseyera esta información podría hacer lo que quisiera con nosotros. Por reducción al absurdo, todo esto no puede ser falso, aunque tampoco verdadero. El argumento de la existencia de una civilización canina extraterrestre, es tan difícil de rebatir, que le concedemos una probabilidad superior al 20% de ser cierta. Y esto es más, que una prueba de la existencia de Dios. La primera duda que me asalta, es si todos los perros responden a la misma especie alienígena. Mi apuesta es que no. Cada especie tiene su propia raza. Su diferente pelaje, refleja inequívocamente sus pertenencias galácticas. Se respetan relativamente, porqué tienen objetivos diferentes de lo que necesitan de los humanos y del planeta Tierra. Como vemos, a veces se pelean entre sí y otras no. Esto demuestra, que por allá en los confines de la galaxia, las cosas tampoco son nada fáciles. Los conflictos de intereses existen como en cualquier parte. Y así vemos pastores alemanes atacando a pastores catalanes o belgas. O Rottweilers atacando a Golden Retrievers.  También está claro, que no todas las civilizaciones extraterrestres tienen el mismo nivel de evolución. El Dr. Stanley Coren estableció un ranking de inteligencia para perros, en su célebre libro The Intelligence of Dogs: A Guide To The Thoughts, Emotions, And Inner Lives Of Our Canine Companions. Si comparamos  a un Border Collie con un Chow Chow, que están a ambos extremos de la escala de inteligencia canina, entenderemos las dificultades de innovar y los problemas de control de calidad en la producción robótica, para algunas especies alienígenas. El Border Collie tiene la capacidad de aprender hasta 200 palabras humanas, de hecho, hay muchos humanos que viven sabiendo y utilizando muchas menos. Con 200 basta, no se andan por las ramas, no son nada barrocos. Y está claro, que parte de la inteligencia humana viene de la inteligencia de los perros. Véase el caso emblemático de Albert Einstein, quien tenía como mascota un precioso perro de raza Fox Terrier al que llamaba "Chico". Sin duda, el perro mientras Einstein dormía, le transmitía por sus ondas cerebrales, las conexiones necesarias para que pudiera desarrollar la Teoría de la Relatividad, ya de siglos abandonada por los extraterrestres por errónea. Esto explica que los perros duerman tanto. Y es que cuando no están captando información, están reportando a sus planetas e influyendo en los humanos. Y esto lo hacen mientras duermen, cuando su consumo energético es menor. Luego les entran unas ansias caninas por comer, ya que tienen un gasto vital importante, mientras trasmiten datos. Hay que decirlo alto y claro, odian el pienso -a pesar de lo que creen los humanos-, pero lo necesitan porqué están fuera de su planeta, y es como las píldoras para  los astronautas. Los 75 mil millones de facturación de la industria alimentaria para mascotas, está completamente bajo el control extraterrestre, como única garantía para el mantenimiento de su red de información perruna. Pero no todas las especies alienígenas tienen buenos propósitos. La perra Blondi, el pastor alemán de Hitler, arruinó Europa durante un lustro.  Por eso, los nazis hacían cara de perro. No por casualidad Putín regaló un perro de Stalin a Chaves. Lamentablemente, la historia de la humanidad no puede explicarse, ni entenderse, sin la providencial intervención y la guía espiritual de los perros. Existe controversia y falta de pruebas respecto de cuando los perros acompañan a los humanos, pero se estima que al menos hace 100.000 años, coincidiendo aproximadamente con la llegada de los alienígenas ancestrales. Precisamente, existe un gran consenso entre los investigadores, que no fue el hombre quien domesticó al perro, sino que estos se adaptaron “espontáneamente” a vivir con nosotros. Esta fue la gran jugada, que los alienígenas hicieron a nuestros primitivos antepasados. Desde entonces, nos explotan, nos manipulan y nos controlan. La tan cacareada lealtad de los perros es totalmente falsa. ¡Vaya panda de hipócritas! Es su máscara de espía para engañar al ser humano. El mejor amigo del hombre, dicen. Sin duda, su capacidad de infiltrarse en las filas enemigas, es superior a la nuestra, que ni siquiera sabemos si hay vida en Marte y mucho menos, donde están los extraterrestres. Estos anímales son extremamente odiosos. Los perros falderos siempre han visto las bragas de nuestras mujeres y su tan manido humor de perros, es todo lo contrario, puro cinismo, ya que en realidad se mean de risa con nosotros, literalmente, defecan y mean por doquier. Nos ven como torpes cucarachas, que se apilan para conseguir su ración de comida. A estos bastardos del lobo les basta con un par de ladridos. Sin embargo, nosotros siempre hemos atado a los perros con longanizas. Todos ellos están esperando a ver si con el cambio climático, dejamos el planeta Tierra libre, para sus operaciones de extracción energética masiva. Su gran plan, ha sido incentivar el consumo y crear un problema energético y climático. Les ha costado siglos, pero ya lo tienen al alcance de las manos. No han tenido que enviar naves tripuladas, para invadir la Tierra, ni terribles ondas de rayos gamma. Sus ancestros aliens testearon las capacidades del planeta, les gustaron, y han esperado su momento. Por fin, este perro mundo será suyo, gracias a los perros más perros, mientras nosotros los alimentamos, los sacamos a pasear, los llevamos al veterinario, les recogemos sus excrementos y les hacemos caricias. Mientras la humanidad se mata y se olvida de solucionar los problemas planetarios, los hijos de perra alienígenas siguen con su meticuloso plan, conscientes de que la victoria está cercana. Buscamos vida inteligente en el espacio, hacemos cada vez más y mejores, naves espaciales, telescopios más sofisticados, aceleradores de partículas más potentes, nos preparamos para ir a Marte y no vemos la triste miseria que nos rodea, ni como estamos olvidando y masacrando el planeta Tierra, incapaces de vislumbrar el fatal destino que nos espera. Vestimos a los perros, mientras hay niños que no tienen con que vestirse. Hacemos zonas para perros en los parques, mientras los refugiados viven en auténticos pipi-canes. Damos de comer a estas bestias traicioneras, mientras gran parte de la humanidad se muere de hambre. Llevamos los perros al veterinario a castrarlos, mientras muchas mujeres no pueden parir en un hospital. Nosotros somos los auténticos animales. Nos tienen sometidos. Y no tenemos la suficiente inteligencia para saber que ellos ya están aquí, no para salvarnos ni para cuidarnos, sino para darnos el golpe final. Los canes alienígenas han venido para vigilar y ocupar el planeta. Aunque su vida de espías galácticos sea muy perra, no sé si lo es más que la nuestra, ya que de seguir así, inevitablemente todos, completamente todos, moriremos como perros. 

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