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Al hablar de inteligencia emocional "artificial", no hablamos de un sofisticado programa de inteligencia artificial o machine learning, con precisos patrones aprendidos de la mejor gestión humana de las emociones. Eso sería la inteligencia artificial "emocional". Hablamos del coeficiente emocional de las personas y en la medida en que este, no sólo no es nativo, si no que, en ocasiones, es mal aprendido y utilizado instrumentalmente, sin creer en ello. ¿Soy el único que habla de estas cosas, o esto no está ocurriendo? Hablamos de una nueva forma de la falsificación de la conducta.

Ante la masiva aparición y expansión de expertos en inteligencia emocional, a veces, la gestión positiva y eficaz de las emociones, se convierte en una moda. Pero eso no es lo malo, lo maquiavélico es que se llegue a actuar como si, pero que en realidad es no. y que cuando te das la vuelta, la gente hace lo contrario de lo que predica, porque cree que es lo mejor. Es como una hipocresía funcional y automática. Hemos dejado la inteligencia emocional aparente y superficial para lo público, y la mala baba, y la verdad para lo privado, o como mucho, para aquellos contextos donde las consecuencias no se desbordan.

La inteligencia emocional se ha convertido en parte de la cultura de muchas empresas cool, llegando a convertirse en una expresión artificial, en un nuevo corsé del que no puede prescindirse y que no puede vulnerarse. Como antes el liderazgo autoritario estaba bien visto, ahora seas quien seas, y sean como sean las circunstancias, tienes que ser como hay que ser ahora, liderazgo empático. Todos iguales. De un extremo hemos pasado al otro, pero el corporativismo es el de siempre. La diferencia y la alteridad se siguen castigando, pero de otra manera.

La inteligencia emocional sin autenticidad es nada. Sin un esfuerzo personal, sin un viaje profundo en solitario o con ayuda de un coach para mejorar el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y las relaciones sociales, la actitud cool es una pose falsa más. Y una organización, que no construya una auténtica cultura emocional desde sus fundadores y que no se transforme cuando sea necesario, también es nada.

Es más, muchas veces, los que poseen una alta capacidad -como se dice ahora-, es decir, una inteligencia cognitiva destacada, suelen tener más dificultades en mejorar su inteligencia emocional y son apartados del mundo del talento. Los que están en la media intelectual, no los pueden entender y se sienten amenazados. Inteligencia emocional contra inteligencia cognitiva. ¡Que desastre! Incluso los hay que dicen, que lo mejor es tener a buenas personas ante todo. Que duda cabe, pero mi abuelo decía, "prefiero un hijo de p***, pero que toque el violín". Estamos perdiendo el sentido común y sin embargo, eso no nos acerca a una mejor ética. ¿Quienes somos nosotros para juzgar el bien?

La inteligencia emocional también tiene que ayudarnos a integrar y a gestionar a la inteligencia cognitiva, por incapaz que esta sea para las relaciones sociales, porqué puede aportar mucho valor. Del mismo modo, que muchas empresa viven una cultura de respeto multicultural, lo mismo debe pasar con la inteligencia. Un enfoque multi-inteligencia sin segregaciones. Vivir la diferencia es lo que nos hace verdaderamente ricos.

Gestión de las emociones sí, actitud positiva y bondad infinita por supuesto, pero inteligencia y competencia también. Y antes que nada, autenticidad. ¿Eres realmente auténtico?

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