Steve Jobs, como es por todos conocido, nació en San
Francisco. En la calle de San Francisco de Leganés. "Steve", como le
llaman sus amigos, es en realidad Esteban Faenas. Él quiere jubilarse, pero no
puede. Aún sigue ahí, detrás del mostrador de su tienda de telefonía móvil. Le
faltan unos añitos, dice con una sonrisa irónica.
El negocio ha ido a la baja. Aún recuerda los tiempos
de la incipiente telefonía digital, cuando se ganaba bien la vida, e incluso
mejor aún antes, cuando tenía una tienda de ordenadores clónicos. Eso si que
funcionaba bien. Era un no parar. Pero ahora, las multinacionales se lo llevan
todo. No hay margenes, los locales son muy caros, los empleados unos
informales. Y nos dice con amargura, que hasta algunos fabricantes como Apple,
han creado sus propias tiendas. Se encoje de hombros y dice "¿qué vamos a
hacer? así no hay quien aguante". El siempre ha sido un emprendedor nato.
Se arrepiente de haber dejado la Universidad Complutense y de haberse ido con
un colega a Ibiza, a descubrir su espiritualidad en sus años locos. Sin
embargo, entonces forjó amistades, que nunca le han abandonado. Sus fiestas
siempre fueron sonadas, pero mejores fueron los foros de tecnología, aunque de
lo que se siente más orgulloso es de sus inventos. Fallidos.

De joven se le veía a menudo montando su Bultaco por
Madrid, a toda velocidad, pero nunca se ha saltado un stop, aunque será porqué
siempre va en dirección contraria y no puede leer las señales. Cuando fue
con ella a por su primer trabajo, les dijo muy decidido "no me iré de
aquí hasta me contrates" a lo que le contestaron "anda
mocoso, vete antes de que te rompa la cara". Desde entonces, decidió
trabajar para sí mismo. Montó su primera tienda con su amigo Esteban Boix,
conocido como "Woz". En los ratos libres, montaban y desmontaban
ordenadores. Lanzaron su propia marca de ordenadores ensamblados, llamados La
Pera. No tuvo mucho éxito. Faenas llegó incluso a ingeniar un aparato similar a
un Walkman hecho con un disco duro portable, pero no encontró financiación. Los
bancos le pedían, que tuviera el mismo dinero que necesitaba, para prestárselo
al 16% de interés. No hay quien los entienda. Luego se fue a ver a las
discográficas y les dijo que quería vender canciones a 166 pesetas y se le
rieron en la cara. En esos momentos le gustaba escuchar la canción de
Loquillo "Los tiempos están cambiando", versión patria de un
cantautor americano trasnochado. También llegó a ocurrírsele hacer un
ordenador, que fuera un cubo (de basura), pero era demasiado original. Como
muchos otros antes que él, España es tierra de oportunidades inencontrables, de
los posibles imposibles. De ciencia ficción.
Había oído, que Estados Unidos era la tierra de las
oportunidades, pero no sabía inglés. A Faenas le hubiera gustado ser rico como
Bill Gates, pero haciendo mejores productos. Sin embargo, no se puede quejar,
es un hombre con una existencia modesta, pero feliz. Afortunadamente, los
buenos amigos no le perdonan el mal humor, por lo que suele ir a hacer unas
cañitas con ellos. Y la familia menos. Le encanta ver algún partido de fútbol
los domingos con sus hijas, aunque sea un secreto apasionado del curling. Y es
que hay diferencias que matan. Emprender en España. A los que lo intentaron. A
los que lo lograrán.
EPÍLOGO
Afortunadamente, las cosas del emprendiemiento, han
cambiado en nuestro país, pero ¿podría haber existido Steve Jobs en España?

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