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Este año se cumple el 29º aniversario del desastre del reactor nuclear de Chernobil en Ucrania, cuando pertenecía a la antigua URSS. Por mucho que haya una científica que se hace llamar "bionerd", que se pasea por las inmediaciones de la Zona de Exclusión, o zorros radioactivos, que comen sandwich de cinco pisos, hasta que no pasen 25.000 años, algunos de los isotopos radioactivos nocivos para la salud humana, no dejarán de ser peligrosos. Quizás entonces en el veinticincomilésimo aniversario, podremos celebrar algo. Eso si, si aún estamos aquí. Por cierto, el último reactor de Chernobil se cerró en el año 2000. Hace dos días como aquel que dice.

Lo nuclear fue en mi juventud un tema central. La gente de mi generación vivimos la guerra fría. Quizás sea mejor que una guerra tradicional, pero también puede ser bastante destructiva mentalmente. Se hizo un telefilm bastante malo llamado The Day After (1983), que tiene la virtud de reflejar lo que teníamos todos en la cabeza.

Un día en el que veríamos un inmenso resplandor por la ventana o incluso una nube en forma de hongo perfectamente reconocible y en unos pocos segundos sabríamos, que todo habría acabado para siempre. Apenas el tiempo de decir un "te quiero" o un manido "adiós mundo cruel" y seríamos borrados de la faz de la tierra, con la misma facilidad con la que se apaga una televisión. Para la llamada mutua destrucción asegurada (abreviada sarcásticamente en inglés como MAD), bastaría una pequeña crisis geopolítica para, que uno de los dos bandos apretara el famoso botón. Luego nos enteramos que los códigos nucleares en muchas ocasiones eran una sucesión de ceros, algo no mucho más complejo que el password de Snowden, a saber, "MargaretThatcheris110%SEXY", -no se en que piensa este chico. Esos políticos, que bien conocemos por su torpe buen hacer, como un mono con navaja, con la peor arma posible en sus manos. Se puede entender que estuviéramos, por momentos, angustiados. Sin embargo, a pesar de los tratados de no proliferación nuclear y del desarme nuclear de las dos superpotencias, nunca hemos estado más cerca que hoy del desastre nuclear militar. La guerra fría, se ha vuelto congelada y hasta invisible. Aunque nadie nos hable de ello, hoy hay más países con misiles nucleares que antes y en un mundo multicentrico, el riesgo se multiplica. La tensión geopolítica en Oriente Medio es un polvorín. Pensemos que cuando hablamos de misiles nucleares, tanto de corto alcance como intercontienentales, no necesitamos muchos para destruir todo el planeta. Bastarían sólo 5 minutos para acabar con la Tierra. Además existen países como Israel, India y Pakistan, que se han negado a firmar el Tratado de no proliferación nuclear. Corea del Norte lo firmó y se salió. En cambio, el tan vapuleado Irán, si que lo firmó hace tiempo. Sólo EEUU y Rusia suman el 90% del arsenal y disponen de 13.000 ojivas nucleares.


Las protestas contra la energía nuclear en los años '70 y '80 fueron la columna vertebral del movimiento ecologista y pacfisita, con el lema "Nuclear, no gracias". Al tiempo, mientras la comunidad de científicos busca en vano, desde hace décadas, la manera de conseguir la fusión nuclear, cómo energía limpia, las centrales nucleares de fisión siguen produciendo graves desastres. Como el reciente de Fukushima, que con Chernobil, son los dos únicos casos en los que se ha alcanzado el máximo nivel de gravedad, el nivel 7, de la escala INES de 1 a 7.  Pero en muchos aspectos, Chernobil es una gran lección para la historia. Las autoridades soviéticas intentaron negar los hechos y eludir las soluciones en los primeros momentos, a pesar de que los ingenieros lucharon por lo contrario. Sin embargo, los burócratas nunca fueron a la cárcel, sólo los ingenieros. Alguno se suicidó. Si alguien quiere ver lo que pasó desde un punto de vista riguroso, existe un excelente docudrama Surviving Disaster de la BBC, que ofrecemos más abajo.

A pesar de la constante desinformación generada por los lobbies nucleares, que intentan minimizar lo que pasó en Chernobil en 1986, a pesar de que las vistas a Pripyat se han convertido en turismo habitual, y ya pertenecen a la mitología postmoderna, siendo escenario de varios videojuegos, hay que reconocer que los daños no sólo fueron muy graves, si no que seguirán por miles de generaciones. Pero podría haber sido peor. Mucho peor. La evacuación de Pripyat (50.000 personas de las 200.000 evacuadas), aunque tardía, redujo enormemente los efectos. Así como todas las actividades providenciales de los liquidadores, y del famoso sarcófago, del que se está haciendo una nueva versión, pero va con retraso. La gravedad de los accidentes nucleares se difiere en el tiempo. Si se consigue gestionar minimamente,  se pueden evitar las victimas humanas en el radio más próximo: por eso, en primera instancia, el número de victimas es mucho menor que un terremoto o un maremoto, sin embargo, las consecuencias a medio y largo plazo son profundas y graves. El primer día tan sólo murieron 2 personas y 29 en los 3 meses siguientes. Pero es un goteo constante de muertes y enfermedades por tumores, que se imputan en el olvidado ámbito de la vida indvidual. Según Greenpeace las muertes acumuladas por el desastre de Chernobil ya suman 200.000, pero más de 600.000 personas recibieron radiaciones importantes. Es difícil calcular en 25.000 cuantas muertes podrán ser causa del desastre.





Un 20% de la población suele morir de cáncer. En los poblaciones que sufrieron los efectos de la radiación, ese porcentaje se eleva hasta el 42%. Las aventuras de Gordon Freeman en el juego Half-life nos dan una pista de las consecuencias zombis de la energía nuclear, de mutaciones terribles. Precisamente el concepto "Half-life"(periodo de semidesintegración), hace referencia al tiempo necesario para la desintegración natural de la mitad de un radioisótopo, que se designa con la letra griega lambda λ, también utilizada en la saga del videojuego. El plutonio-239 es usado para la construcción de armas nucleares y es uno de los isotopos utilizados en las centrales nucleares, tarda más de 24.000 años en desintegrarse. Casi nada. Existen otros más longevos como el potasio-40, que tarda hasta 1.260 millones de años.

En otro interesante documental Into Eternity de 2009, se describe el proyecto que se está llevando a cabo en Finlandia de construir un ambicioso cementerio nuclear para residuos de alta actividad.  Escavado en roca a gran profundidad (420 m), el cementerio está preparado para sellarse y abrirse después de 100.000 años!! Estos residuos son los provocados por el uso de la energía nuclear y se enfrentan a los mismos problemas de los desastres de las centrales, lo cual exige evitar que la radiación circule libremente y contamine áreas pobladas. Es muy interesante, ver los dilemas de los constructores del cementerio eterno, ya que si no sabemos lo que pasará en 100 años imaginemos en 100.000! ¿Existirá la Tierra o la humanidad? Y si existen, ¿entenderán los letreros "peligro residuos nucleares"?, o ¿ya no hablarán inglés o habrán perdido la memoria histórica? Por eso, en el proyecto está previsto construir unos monolitos multi-idioma y con gráficos para intentar hacerlo entendible, sin embargo, también existen los detractores de esta postura, que argumentan que sería mejor no poner nada y así no hay tentación de entrar en él. Lo cierto es que el aumento del uso de la energía nuclear, está estrechamente relacionado con los olvidados residuos y estos, son una responsabilidad de todos, no sólo de los partidarios de la energía nuclear. Lo más divertido es que quizás los humanoides futuros, encontrando unas ruinas parecidas a las pirámides de Egipto, con una escritura ininteligible, intenten refugiarse en el cementerio antes de la desintegración y perezcan definitivamente. ¿Nuclear?, no gracias.




Surviving Disaster - BBC



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