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"Dentro de mil años se recordará un solo nombre del siglo XX por haber sido, en la forma más sorprendente y positiva posible, el único cerebro que tuvo un pensamiento filosófico original en este siglo: Ayn Rand". Editorial del diario Los Angeles Times del 6 de marzo de 1982, día en que Ayn Rand falleció.

No deja de sorprenderme lo apasionados, que son los seguidores de Ayn Rand. Pero hay peores ejemplos. La ignorancia bloguera anglosajona lleva a muchos a identificar a Gaudí como el Roark catalán. Nada más lejos. Roark, el personaje de ficción de Ayn Rand en su libro El manantial (en y su versión cinematográfica protagonizada por Gary Cooper) es un personaje idealizado, individualista, mesiánico, rígido, vanidoso y despreciativo. Tiene las peores virtudes de un líder, aquellas por las cuales estas personas por mucha genialidad que tengan, son apartados de la vida social y profesional por su incapacidad de negociar con la realidad. Su perfeccionismo suele convertirse en un suicidio personal. Gaudí al contrario, fue un  genio real, con una obra diversa, financiada por la sociedad civil. Gaudí era un hombre de equipo, motivador y respetuoso con el talento ajeno. Alguien humilde pero orgulloso y convencido de sus ideas, que negociaba con la realidad. Fue exigente y visionario, pero también realista y práctico.


Gaudí contaba con amigos y colaboradores como Francesc Berenguer, al que conocía desde su infancia, o a Joan Rubió i Bellver y Josep Maria Jujol. Gaudi a pesar de su carácter retraído, tuvo muchas conexiones con intelectuales de su tiempo y círculos artísticos. Fue un auténtico líder del trabajo en equipo. En sus propias palabras:
"El trabajo es fruto de la colaboración, y ésta solo puede hacerse en el amor. El arquitecto se ha de aprovechar de lo que saben hacer y de lo que pueden hacer los operarios. Se ha de aprovechar la cualidad preeminente de cada uno. Esto es: integrar, sumar los esfuerzos y tenderles la mano cuando se encallen; así trabajan a gusto y con la seguridad que da la plena confianza en el organizador. Además, hay que recordar que no hay nadie inútil, todos sirven (aunque no todos con la misma capacidad); la cuestión es encontrar para qué sirve cada uno" (Gaudí).
Roark es en realidad la proyección arquetípica de la mismísima Rand. Aunque se comenta, que se inspiró en el arquitecto Frank Lloyd Wright, el carácter de Roark, asemeja al ideal autoexigente de Rand, como se aprecia en su obra y en las entrevistas, que nos dejó.

Ayn Rand tuvo una gran influencia en EEUU. Como rusa, emigrada huyendo de la URSS, su anti-comunismo fue muy apreciado en norteamérica. Su filosofía llamada objetvista, servía de fundamentación para el neoliberalismo. Se basaba en una ética del egoísmo individual, que revertía en la sociedad. Su libro más influyente fue La rebelión de Atlas. No por casualidad una gran estatua de Atlas se erige frente al Rockfeller Center, símbolo del capitalismo americano triunfante. Rand escoge el mito griego de Atlas, un titán al que Zeus condenó a cargar sobre sus hombros los pilares de la Tierra (Gea), como símbolo del héroe encarnado en el empresario capitalista.


El objetivismo fue una teoría filosófica de contenido muy pobre, mal diseñada y mal argumentada, sin prácticamente discípulos académicos. Su epistemología de que la realidad existe al margen de la conciencia, es la falsa premisa, sobre la que se construye todo el edificio. Sus superficiales ideas económicas, defensoras acérrimas del sistema capitalista, fueron despreciadas incluso por los economistas teóricos más liberales como Milton Friedman, -que en el fondo defendían lo mismo-, por poner la ética egoísta como explicación del motor económico. Sus ideas políticas, no menos simples, pero si más radicales, tuvieron mejor aceptación. Especialmente, entre empresarios y emprendedores, siempre ha tenido una gran popularidad, por idealizar y mitificar la figura del empresario/emprendedor, que sigue su egoísmo particular, sin atender a nadie, intentando evitar todas las restricciones, que le impone el "malvado" Estado. El empresario como genio, como artista incorruptible, que sigue los dictados de su conciencia. Un buen filósofo se dedica a desmitificar, a razonar, no a crear mitos, que por su propia naturaleza siempre son falsos. La mitología en la Grecia antigua, forma parte de la época pre-filosófica. Por eso el nuevo mito de Atlas, es más ideología, que filosofía. Rand se distingue por un desprecio del trabajo manual y sólo dignifica el trabajo con ideas. En La rebelión... divide la sociedad en dos clases: los políticos y gobernantes como "saqueadores", a través de la fiscalidad y los "no saqueadores" o empresarios e intelectuales.

Sin embargo, los que paran y desvían la obra de Roark en el libro, no son precisamente los gobernantes, sino los propios inversores, los capitalistas, que tanto ama Rand. Y esto es un poco contradictorio, pues según su propio pensamiento, los que financian el proyecto de Roark, no deberían aceptar jamás las exigencias de alguien contratado. Empresarios contra intelectuales.

Su fuerte carácter, consecuente con sus ideas sin concesiones, dejó una impronta importante en su llamado círculo de seguidores. Alan Greenspan fue uno de los célebres del círculo más intimo de Rand y fueron amigos hasta el fallecimiento de la escritora. Como todo el mundo sabe Greenspan fue el Presidente de la FED, durante el mandato de Clinton. Uno de los aciertos económicos de Clinton, frente al establishment, fue dejar la economía en manos de los ultraliberales, para no tener problemas. Greenspan revocó la Ley Glass-Steagall bancaria de 1939, permitiendo la desregulación financiera, lo cual provocó un gran crecimiento económico debido a la proliferación de derivados y otros instrumentos financieros, que acabaron por crear la crisis de 2008, así como precipitaron el completo dominio de la economía por la banca globalizada. A Greenspan, defensor confeso del objetivismo, Rand le llamaba el "undertaker", debido a su inclinación por la ropa oscura y conducta reservada. La revolución financiera neoliberal se hizo con la mayor discreción, por un gobierno demócrata, con un hombre gris pero muy inteligente, a espaldas del pueblo americano. Existe una extensa lista de las personas influidas por Ayn Rand (ver Lista).

La californiana Sillicon Valley se ha convirtió en la mayor área incubadora de start ups, la mayor excelencia y casos de éxito. Al rededor de la influencia de la Universidad de Standford y de una serie de factores irrepetibles, como la relación con el DARPA (el consorcio de la industria militar), el desarrollo de los semiconductores, de la microinformática y del software, nació un ecosistema ágil y dinámico, de empresas y capital riesgo, que fue bajando las barreras económicas para emprender. Pero sin duda, el impulso definitivo, que atrajo de una manera masiva el capital riesgo, fue el advenimiento del Internet comercial, que ocurrió precisamente en la administración Clinton, de la mano de su Vicepresidente Al Gore y su apuesta por la Superautopistas de la Información. Esa conexión entre el capital y la tecnología, en un ambiente ultraliberal, pero sin notas culturales conservadoras, sino más bien libertarias en el ámbito personal, propias del "Californian Style of Life", conformaron una de las ideologías tecno-políticas más potentes, que existen hoy en día.

Uno de sus exponentes más paradigmáticos es el empresario e inversor Peter Thiel, conocido como fundador de PayPal e inversor de Facebook, un autodeclarado fan de Ayn Rand. El background de filósofo de Thiel, le ha permitido escribir libros, defendiendo la ideología política de Sillicon Valley, llamada ideología californiana por Richard Barbrook y Andy Cameron en 1995. El super-emprendedor Elon Musk (PayPal, Tesla, SpaceX), sería otro buen ejemplo de esta ideología política de Sillicon Valley, que está globalizada hoy en día.

Thiel siempre se ha declarado libertario. Rand despreciaba el anarquismo, pero sus tesis ultraliberales siempre la acercaron al libertarismo, que defienden Thiel y otros. Se trata de una versión más estética, que política, también conocida como anarcocapitalismo. Muchos teóricos han orbitado al rededor de esta idea como Spooner, Tucker, Nozick y economistas como la escuela austriaca incluyendo a Hayek. Todos coinciden en la abolición del Estado o reducción a mínimos, especialmente en cuanto a impuestos se refiere y a la desregulación de la economía y a la protección del individuo, pero también el contra del liberalismo conservador, profesa el ateismo y la flexibilidad en las costumbres.

Esto nada tiene que ver con el auténtico anarquismo, el anarquismo comunista, colectivista, mutualista y anarcosindicalista, del que en España hemos tenido una importante representación. El libertaismo de Thiel, el de la ideología californiana es un neoliberalismo con estética libertaria. Pueril.
"I believe that politics is way too intense. That’s why I’m a libertarian. Politics gets people angry, destroys relationships, and polarizes peoples’ vision: the world is us versus them; good people versus the other. Politics is about interfering with other people’s lives without their consent. That’s probably why, in the past, libertarians have made little progress in the political sphere. Thus, I advocate focusing energy elsewhere, onto peaceful projects that some consider utopian", (The Education of a Libertarian, P. Thiel) .
Con este libertarismo, no debe sorprender, que Thiel de soporte al populista reaccionario, Donald Trump en su carrera presidencial (ver The only living Trump supporter in Silicon Valley).  Thiel piensa que "we are in a deadly race between politics and technology". La innovación disruptiva, la schumpeterana creación destructiva, como espíritu del auténtico emprendedor libertario, que desprecia las restricciones de los Estados, es la máxima representación del indvidualismo y de la utopía tecnológica. Thiel combina el objetivismo de Rand, con la ideología californiana, que se basa en los tintes contraculturales libertarios (muy evidentes en Steve Jobs) y el utopismo tecnológico (ver The evolution of Mr Thiel. The tech billionaire has morphed from a libertarian into a corporate Nietzschean).

El California Dreaming, se basa en la utopía tecnológica. Por la tecnología lo conseguiremos todo, resolver todos los problemas de la humanidad: pobreza, injusticia, energía, incluso la inmortalidad, como versión actualizada del Ultra-hombre nietzscheano. Seghún Bernard Gendron, el utopismo tecnológico considera, que el crecimiento basado en la tecnología conducirá al fin de la escasez económica. No estamos en contra de la innovación, ni del desarrollo tecnológico, ni de la actividad empresarial, ni mucho menos, pero las utopías deben evitarse, porqué son sólo un engaño, que perjudican a todos, no sólo a los que se las creen. La utopía tecnológica sólo puede conducirnos al colapso digital. Hay que evitarlo a toda costa.

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