Somos cristianos o por profesión o por cultura, mal que les pueda pesar a algunos. Lo que se llama tan pomposamente tradición judeo-cristiana, tiene una genealogía compleja de la que no es fácil escapar. El cristianismo nace en un momento en el que por el Mediterráneo se disputaban la conciencia de los humanos muchas sectas rivales y corrientes ideológicas, entre las cuales destaca por encima de todas, el gnosticismo, del cual la gran mayoría de gente ni ha oído hablar. Pero el triunfo del cristianismo al igual que otras religiones se basa en la existencia de unos textos llamados sagrados, en este caso La BIblia, que han alimentado su cohesión ideológica y su permanencia institucional en el tiempo. 


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Los textos sagrados, son en realidad poco sagrados. Se producen e interpretan humanamente. La interpretación es inevitable ya que todo texto es para ser más precisos un texto abierto, la interpretación sólo se cierra con la lectura y la lectura depende del lector, de su competencia lectora y de su contexto histórico-político.

P52 es el texto primigenio más antiguo. Se trata de El fragmento de San Juan, conservado en un trozo manuscrito en papiro y representa el documento más antiguo conocido del Nuevo Testamento, hasta el momento, y está conservado en la biblioteca John Rylands, Mánchester, Reino Unido  Contiene un texto del Evangelio de Juan (18,31-33. 37-38) supuestamente escrito hacia el año 125 AC. Está generalmente aceptado como el extracto más antiguo de un Evangelio canónico, convirtiéndose en el primer documento que, cronológicamente, concierne a la figura de Jesús de Nazaret


 El Cristo de San Juan de la Cruz de Dalí, la obra más humana y humilde
jamás pintada sobre la Crucifixión de Cristo

La Biblia está compuesta por el Antiguo Testamento que también es considerado por el judaísmo como libro sagrado y por el Nuevo testamento. El Nuevo Testamento está constituido por una seria de libros elegidos, llamados evangelios canónicos.  La primera labor para crear una institución es elaborar un conjunto de textos oficiales, lo que se llama un canon. Esta elaboración ideológica de textos en el caso del cristianismo tiene una larga historia 


La formación de esta canon se remonta aproximadamente al año 110, época de composición de un escrito judeocristiano primitivo conocido como Didaché o Doctrina de los doce apóstoles, que ya parece hacer referencia al Evangelio de Mateo. Otros testimonios, como el Fragmento Muratoriano (hacia 170) o la obra Adversus haereses de Ireneo de Lyon (hacia 185), parecen indicar que entre el 150 y 200 existía ya cierta unanimidad sobre la inclusión en el canon de los cuatro evangelios. Su confirmación definitiva como canónicos, sin embargo, con la exclusión de los manuscritos conocidos como evangelios apócrifos, no se produjo hasta finales del siglo IV. La lista oficial de libros del Nuevo Testamento no se presentó con carácter dogmático hasta el Concilio de Trento (1546). 



La Biblia de Gutenberg, el primer libro impreso tras la invención de la imprenta

Pero fuera del canon existen muchos libros que relatan testimonios de Jesus de Nazaret y que podrían perfectamente haber hecho parte del canon si no fuera porqué se buscó una interpretación eticamente conservadora e ideológicamente autoritaria y restrictiva, que fuera capaz de conformar una coherencia de significado que se convertiría en ortodoxa. Los primeros candidatos son los llamados evangelios apócrifos. Entre estos se encuentra el Evangelio de María Magdalena de carácter gnóstico, que demuestra las tensiones entre los las comunidades cristianas primitivas ortodoxas seguidoras de Pedro y la de los gnósticos seguidores de María, que habría sido depositaria de revelaciones secretas de Jesús y habría tenido un papel destacado en la comunidad cristiana postpascual. Pueden encontrarse ciertas analogías entre las ideas expuestas en este evangelio y religiones orientales como el taoísmo y el budismo. Pero la ortodoxia cristiana prescindió de este texto. Mucho más complejo es el encaje de los llamados Manuscritos del Mar Muerto o  Rollos de Qumrán, que no fueron escritos por cristianos sino por judíos esenios, pero que tenían una gran relación entre ellos y tratan extensamente temas predicados por Jesús.



Las cuevas de Qumrán

El camino de la ortodoxia lleva a negar toda discrepancia interna y a que una ideología pueda llegar a erigirse como única o superior a todas las demás. Así la famosa frase de San Ambrosio en su debate con Quinto Aurelio Simmacoipse enim solus verus est Deus (sólo el Dios -cristiano- es el verdadero Dios).

La negación de la constitución de un corpus textual rígido a partir de un conjunto diverso y multiforme, así como la negación de la interpretación es una opción violenta y peligrosa. En todas las religiones, pero no sólo en las religiones sino también en las ideologías políticas, encontramos la negación de la interpretación por corrientes de pensamiento a veces muy organizadas económica, social y políticamente, con mayor o menor tradición histórica. Y eso es la perversión de la religión. La salvación se transforma en el exterminio de los no creyentes. La lógica maniqueísta, binaria, propia de Occidente se encarga de manifestar el conflicto de manera insoluble. La reivindicación de una pureza auroral especial, de unos orígenes sagrados, de una ideología superior, es en realidad la imposición de una interpretación única, es el rechazo de la pluralidad, de la diferencia y de la riqueza. Es el inicio del fanatismo, del pensamiento totalitario, del terrorismo


Las cruzadas, terrorismo medieval

Hemos visto tantas veces en la historia repetirse este esquema ideológico donde toda hermenéutica es negada, y donde sólo existe una genealogía oficial, que explica una historia mítica desde los orígenes sagrados, que parece mentira que no aprendamos. Los textos siempre son interpretables. Hablar de textos sagrados, de textos inmutables, es un contrasentido en sí mismo, provocado por la voluntad de poder. Hermenéutica o Barbarie.

 
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