Es necesaria una ética digital como ética del mundo virtual, de la incipiente sociedad digital. La ética es la disciplina filosófica que nos permite establecer unos principios sobre lo que es bueno y malo, sobre el comportamiento virtuoso con el fin de conseguir el máximo grado de felicidad colectiva. La ética es un conjunto de directrices para el comportamiento humano basado en principios universales, que afectan al juicio, es decir, a la capacidad de tomar decisiones de los humanos, en terrenos no legislados o como base a una futura legislación. La ética digital sería una ética aplicada al igual que la ya bien establecida bioética. Muy en la línea de los debates sobre la ética en tecnología, pero con un componente social, debido a la progresiva subsunción de la sociedad en los canales digitales.

La sociedad digital plantea diversos desafíos ante los cuales reaccionamos pasivamente, lo cual es entendible en una fase transformadora donde es difícil una reflexión ya que la comprensión de los fenómenos en formación es compleja. Nuestras reacciones son reactivas. Cuando existe un problema buscamos una solución, como por ejemplo ha ocurrido con el derecho al olvido, pero tenemos que encontrar unos fundamentos que nos permitan guiarnos en estos nuevos territorios. Nos movemos en la llamada falacia naturalista que empujan los medios sociales, identificando lo bueno con lo que existe, pero ¿por qué tiene que ser bueno mediar nuestras relaciones socialmente? Esta es una aceptación irreflexiva que está fuera de toda ética. Estamos aún en el salvaje oeste digital. Ante la herencia irreflexiva de hábitos sociales debe existir una capacidad y un método de reflexión capaz de discernir lo bueno de lo malo, lo universalmente exigible como límite temporal de lo justo, de lo conveniente, de lo razonable, de lo humanamente soportable. 

Hace poco hablábamos de los nuevos derechos digitales y otros mecanismos que nos permitiesen un control y una superación de la esclavitud digital (Digitalizar y castigar: los derechos digitales) entre los cuales resaltábamos tres: 

  1. Moratorias tecnológicas
  2. Desactivaciones tecnológicas 
  3. Nuevos derechos digitales

Los nuevos derechos digitales y los mecanismos para su cumplimiento no agotan ni limitan una concepción ética, más bien la suponen, pero no definen un criterio común. Exigen una exploración más profunda sobre el ser digital. ¿Cuales deberían ser los fundamentos para una ética digital? ¿los límites de lo aceptable según la perspectiva del conocimiento actual?  Estos podrían ser los prolegómenos para una ética digital




  • En primer lugar, la ética debe concentrarse más en los deberes que en los derechos. ¿Cuales son las normas relacionadas íntimamente con el ser digital? ¿Cuales son las obligaciones que no pueden desatenderse porque implican acciones nocivas? ¿Cuales son los principios irrenunciables? El primer deber fundamental al que hay que atender es la responsabilidad. No hay ética sin responsabilidad, sin una acción responsable. En este caso responsabilidad digital. La ética por definición no puede limitarse a la teoría, sino que es una disciplina práctica, como decía el Diógenes "el movimiento se demuestra al andar". A diferencia de la política donde puede encontrarse una disociación entre lo que se dice y lo que se hace, en la ética esto no cabe. Si uno quiere luchar contra la corrupción debe evitarlo con transparencia, con el ejemplo e impedir que otros lo hagan. La primera responsabilidad es como el principio hipocrático que recoge el 6 principio de Tavistock, primum non nocere, lo primero es no hacer daño. Por tanto, no debe ejercerse o debe limitarse toda actividad digital que afecte a la salud física o mental de los individuos y cuando esta no pueda demostrarse habrá que dar opciones para la objeción de conciencia. La objeción de conciencia sería la posibilidad de rechazar vivir o trabajar con una tecnología cuyos beneficios sociales universales no están claros. Muchos términos y condiciones de grandes corporaciones de Internet son totalmente abusivos. Por ejemplo, no es ético desproveer la propiedad intelectual a los productores de contenidos por el mero hecho de utilizar una plataforma. No deben realizarse aquellas acciones, que perjudican los derechos básicos de Internet. Aquí es importante describir un código deontológico de las organizaciones que trabajan en los canales digitales en el ámbito de esos mismos canales como responsabilidad social digital.
  • En segundo lugar, hay que contemplar si esos deberes son universales o no. El deber de la responsabilidad es de cada uno para todos. En una red existe una multiplicidad de posicionamientos, pero al actuar cooperativamente, hay que concluir que trabajan con una cierta universalidad. Ahora bien, esta universalidad es sólo táctica, no es eterna e inmutable. Es una universalidad dinámica y perecedera, es un mínimo acuerdo táctico, el consenso que permite el contrato social subconsciente para que la colaboración funcione como un acuerdo firmado. Esa universalidad dinámica, se concreta como mínima abstracción de lo común del ser humano históricamente determinado, lo que permite compartir valores de la bondad y las actitudes que lo producen: compasión, empatía y generosidad. Por tanto, habrá que lidiar con la dificultad de una variedad de universalidades relativas a diferentes subredes. 
  • En tercer lugar, hay que entender como se constituye el libre albedrío dentro de la sociedad digital. Donde están los límites de la libertad. La libertad queda definida por la acción colectiva. El hombre es libre también en la sociedad digital por definición, por extensión de la capacidad del libre albedrío humano no condicionado por ninguna divinidad. El libre albedrío nos conduce de nuevo al tema de la responsabilidad. No puede ejercerse la libertad digital sin responsabilidad digital. Esto en lo que respecta a la acción individual, pero colectivamente estamos hablando de la autodeterminación digital. La libertad de un grupo de determinarse digitalmente según sus propias normas. 
  • En cuarto lugar, debe verse como la ética constituye una acción racional. La ética no sólo no puede estar fundada en la irracionalidad y en la no reflexión, sino que combate y rehuye la irracionalidad en todas sus expresiones. La ética es siempre racional, porque la racionalidad es la única certeza y la única guía para nuestro comportamiento. La razón es la base para una correcta toma de decisiones y es sobre la única base que se puede debatir y argumentar. La ética digital está basada en el conocimiento y en la sabiduría. Las religiones, supersticiones y las ideologías política y culturales son irracionales y sólo permiten crear problemas y no resolverlos, son el fundamento de la intolerancia y del fanatismo. La ética está basada en el dialogo y no en el monólogo, por eso es racional, y al mismo tiempo incompleta y abierta, siempre dispuesta a revisar sus postulados y a evolucionar. La ética digital es una acción racional consciente con fines explícitos y revisables.
  • En quinto y último lugar, debe considerarse cual es la perspectiva que adopta la ética digital con respecto a la subjetividad. La subjetividad se relaciona con la responsabilidad y con la perspectiva de conocimiento, pero la individualidad no puede ser la excusa para que la ética no se cumpla a nivel colectivo. La ética digital se dota de objetividad a través de la intersubjetividad. La red es una interrelación de nodos. Por tanto, la ética digital parte del individuo pero no puede entenderse a este aislado, sino interconectado con otros y es en esa intersubjetividad donde se encuentra el propio reconocimiento y respeto. La ética digital no puede ser únicamente normatividad individual, sino que lo tiene que ser también a nivel colectivo. 
La ética digital se basa en los principios de: 1) responsabilidad; 2) universalidad dinámica; 3) autodeterminación digital; 4) racionalidad práctica; 5) intersubjetividad.



A partir de estos principios se pueden dibujar algunos de los deberes digitales:



  1. Deber de conexión: A diferencia de la sociedad analógica en la sociedad digital no cabe la desconexión. Esto no quiere quita que la desconexión sea un derecho como puede ser el derecho de huelga, pero es un derecho temporal o por sectores o tecnologías aunque pueda ser total a este nivel. Pero en el mundo digital se nace conectado. la desconexión eterna, el retorno a la caverna, es inviable y es insolidario socialmente.
  2. Deber de transparencia: Las propias acciones deben ser trazables aunque sean anónimas. Como siempre, esto no puede ser incompatible con el derecho a la privacidad. Esta tiene que garantizarse completamente. La opacidad está contra la ética digital. Todo lo que ocurre en la red debe ser registrado y debe lucharse contra todo fraude y usarse tecnologías infalsificables.
  3. Deber de ecuanimidad: El equilibrio en la red es fundamental. La red deber impedir el monopolio y el control de esta por minorías poderosas. Debe exigir la imparcialidad de las transacciones. Las relaciones deben estar basadas en acciones positivas como la amistad, la compasión o la benevolencia. 
  4. Deber de participación: La comunidad es fundamental en el medio digital. Participar y velar por el buen comportamiento es un deber esencial de la sociedad digital. La comunidad auto-organizada no puede funcionar con la desidia. La participación activa debe ser obligatoria.
  5. Deber de protección: Tiene que existir el deber a proteger y ser protegido dentro de la red. La salud, la higiene y la seguridad de la red son una responsabilidad colectiva. La autogestión y auditoria de la red y sus transacciones es un deber cooperativo de todos los nodos.

La ciencia ficción ha novela y presentado muchos debates éticos provocados por la tecnología, especialmente aquellos cuyo desafío nace de la inteligencia artificial. Recientemente algunos científicos liderados por Hawking han señalado a la inteligencia artificial como el evento más importante en la historia del ser humano (Stephen Hawking: 'Transcendence looks at the implications of artificial intelligence - but are we taking AI seriously enough?') y han animado a seguir con las investigaciones de prestigiosos institutos como Future of Humanity InstituteCentre for Study of Existential Risk o Machine Intelligence Research Institute, para prepararnos a los retos a los quenos enfrenta convivir con inteligencias superiores a la nuestra. Pero la miopía de este enfoque es que el conocimiento no es la única herramienta para combatir los problemas, existe el juicio humano, la capacidad y la autoridad de decir no quiero vivir con otras inteligencias o quiero vivir hasta este punto y de esta manera. Aunque existe una solución a los problemas desde el conocimiento, la ética es previa a ello. La ética no necesita el avance científico, sólo debe estudiar el problema desde la perspectiva del juicio y establecer unas normas comunes. La ética digital debe constituirse en condición de posibilidad del desarrollo tecnológico y no al revés. Esto es lo que ocurriría en una sociedad madura, responsable y libre. Si esto no está ocurriendo quizás sea porque la sociedad sea inmadura, irresponsable y sumisa, lo cual convierte en más alarmantes que algunos avances no se discutan y que todos los retos tecnológicos se resuelvan con mas tecnología en vez de con más sentido común, con más racionalidad.  Y es que la ética digital no puede resolver todos los problemas de la sociedad digital y no puede establecerse socialmente, sin que la política digital en su más amplia concepción, pueda transformar el orden establecido de las cosas.

 
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