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Muchos dudan, que pueda haber un colapso de nuestra civilización. Aún están empezando a creerse las consecuencias del cambio climático, como para pensar en algo peor. Sin embargo, ya ocurrió en el pasado y no hay ningún motivo por el que no pueda volverse a repetir. Pero lo que nadie puede imaginar, ya que estamos todos presos por el entusiasmo tecnológico, es que pudiera haber un colapso digital, que no sólo detuviera la transformación digital en curso, sino que la redujera hasta límites insospechados, que hicieran peligrar nuestro modo de vida de manera radical. 

Sin embargo, cada vez estamos más cerca. Nuevas evidencias del desequilibrio energético entre la producción futura y el consumo necesario, siguen dibujando un horizonte improbable para la gran promesa digital. El problema no está en los datacenters, en los recursos utilizados por las empresas de información, sino en la producción de los dispositivos tecnológicos para el consumo digital y en su utilización masiva por parte de la población. Allí es donde más recursos de carbón se emplean para generar electricidad.

El mundo está superpoblado y la perspectiva es, que casi se llegue a doblar en pocos años. Buena parte del astronómico crecimiento poblacional ocurrido desde principios del siglo XX, es debido a la utilización masiva de petróleo. Este sirvió para un crecimiento económico sin parangón en los países del primer mundo. Desde hace años muchos países asiáticos se han insertado en la senda del crecimiento, agravando el problema mundial de la energía. También África, con muchas dificultades está creciendo y se espera que crezca enormemente en el futuro.

La demanda de electricidad no ha parado de crecer en los países emergentes y las presiones para abandonar el carbón, ya escaso por su lado, por temas medioambientales, ejerce una presión enorme sobre las posibilidades futuras de generación de electricidad. El 81% de la electricidad mundial se produce por centrales térmicas, que utilizan carbón. Si le sumamos las centrales hidroeléctricas llegamos el 98%. Las energías renovables son insignificantes, de hecho, en España en 2015 se ha reducido su uso hasta casi un 6%, en cambio, la quema de carbón para generar energía eléctrica, se ha incrementado un 25%. De momento, y así será durante muchos años, no estamos preparados tecnológicamente para una sustitución masiva de las energías fósiles por las renovables. A todo esto, recientemente se ha descubierto (ver Power-generation system vulnerability and adaptation to changes in climate and water resources), que los recursos acuíferos, están descendiendo enormemente, en muchos puntos del planeta donde existen centrales hidrotérmicas, lo que agrava el panorama de abundancia de energía eléctrica existente hoy en día. El agua será escasa e irregular, especialmente en aquellos lugares donde están ubicadas las centrales que la utilizan. Se calcula que hasta un 86% de estas centrales, verá reducida la capacidad de generación eléctrica por esta razón, hasta un 30%.

Sin electricidad, no hay mundo digital. Si seguimos como hasta ahora, antes de un colapso energético nos encontraremos con un colapso digital y no podremos utilizar las herramientas digitales, que tanto necesitamos y que tan útiles son. ¿por qué por una vez, en cambio de esperar a tener los problemas encima, no decidimos crecer de manera inteligente? La digitalización tiene muchas cosas buenas, pero hay que convertirla en algo sostenible. Y esta tarea empieza hoy mismo. Es una parte de lo que llamamos responsabilidad digital.



Documentos de la Responsabilidad Digital




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