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Sólo cinco livianas líneas en mi post ¿Corrupción? Lo que hay se llama Sistema, en total 83 palabras,  han bastado para que mi amigo Jorge Sánchez contraatacara con dos post (Acerca del inacabamiento del proyecto ilustrado (I)  y Acerca del inacabamiento del proyecto ilustrado (y II), en total 1.588 duras palabras, para decirme, entre otras lindezas, que soy un bárbaro, un generalista y un pintor de brocha gorda, en lo que se refiere a mi argumentación. Si bien es cierto, que soy un provocador intelectual de conciencias anestesiadas, amante de los giros lingüísticos y saltos mortales teóricos, me gusta hacerlos con una red debajo.


Lo más importante de todo, es que en las conclusiones, estoy completamente de acuerdo con Jorge, cuando concluye su segundo post "Abramos la Ilustración pero no la abandonemos por insuficiente desde la atalaya filosófica cuando su realización empírica está, todavía, tan lejana...". Cuánta razón tiene y cuanta necesidad hay de mantener y desarrollar una racionalidad cooperativa. 

Pero primero vayamos a mi texto, para matizar algunas expresiones:
(Jorge) "sostiene, que el viejo proyecto de la Ilustración sigue vigente, sigue inacabado, es el proyecto natural de la racionalidad y de la libertad occidentales bien entendidas. Y no le falta razón, ante tanta barbarie e irracionalidad imperantes, pero precisamente la Ilustración concibe las relaciones de poder como un rechazo de la diferencia y de la alteridad. Auschwitz y Hiroshima son muestras de sus límites, con lo que al menos habría, que repensarla aprendiendo de estos. Pero poca más esperanza nos queda ya"
Jorge me acusa de haber sugerido que la Ilustración conduce al nacionalsocialismo, incluso que hago a sus padres, lejanos cómplices de ello. Nada más lejos, -no se quien está haciendo aquí piruetas sofistas. Lo que sí he dicho, es que Auschwitz es uno de los límites, una vía muerta de la Ilustración, en la que la multiforme racionalidad occidental, por excluir a la alteridad, pensando que esa era su superación dialéctica, se ha disparado a sí misma. Tirando a matar. Y el argumento, de alguna manera es de Adorno, quien en su Dialéctica negativa dice "Auschwitz demostró irrefutablemente el fracaso de la cultura. El hecho que Auschwitz haya podido ocurrir en medio de toda una tradición filosófica, artística, y científico-ilustradora encierra mas contenido que el de que ella, el espíritu, no llegara a prender en los hombres y cambiarlos. En esos santuarios del espíritu, en la pretensión enfática de su autarquía es precisamente donde radica la mentira. Toda la cultura después de Auschwitz , junto con la crítica contra ella, es basura", pp366-367).

Desgraciadamente, obedecer es una mala opción de la razón, en la que se desautoriza a sí misma. Por ello, el nacionalsocialismo es lo contrario a la Ilustración, pero surgió de ella y la secuestró. Todos conocemos el ascenso de Hitler. Su desarrollo político, se hizo en la discreta e inestable libertad de la democracia de la República de Weimar. Y está volviendo a pasar. Los bárbaros o los "clérigos kantianos", se aprovechan de las libertades inacabadas del Occidente moderno y precariamente ilustrado. Como afirman Negri y Hardt analizando la modernidad "la alteridad no es algo dado es algo producido" (Imperio, p124). Por eso, tenemos que repensar la Ilustración, para no reproducir sus monstruos. No existe ya la exterioridad en este proceso.  La Ilustración es frágil, pero más débil me parece el argumento jorgiano de Ruanda. La barbarie no siempre es un producto del proyecto de la Ilustración, ya existía antes del siglo XVII y además, puede ser más exagerada en tradiciones no occidentales. Hitler e Hiroshima son nuestros hijos bastardos y lo importante es aprender de ello, para como dice Jorge, abrir y continuar el proyecto de la Ilustración.

Llegados a este punto, para mí, lo más relevante de esta estimulante discusión, es ir más allá de la mínima discrepancia, entre si estos límites de la Ilustración son externos o internos, y debatir sobre el mismo proyecto ilustrado. Sobre su abertura, sobre su continuidad táctica. Ese consenso final alcanzado con Jorge, merece ser dislocado, buscando la respuesta a como debería ser esa propuesta teórica de abrir la Ilustración. Para ello, deberíamos hacernos una pregunta previa, una metapregunta, sobre la cuestión radical de la esencia del proyecto ilustrado en la actualidad. Queremos preguntarnos, no que es la Ilustración históricamente, sino qué significa hoy. ¿Qué es el presente presente? ¿Qué significa hoy "¿Qué es la Ilustración?"? de Kant. ¿Qué nos dice ese texto a nosotros contemporáneos? ¿Qué interpretación abierta cabe para abrir la Ilustración? Porqué Ilustración para Kant se refiere al presente, al momento histórico determinado: Kant en Washington, en Beijing o en Abuya. Kant sin fronteras.


Estamos de acuerdo con Jorge, cuando reconoce que "uno ha de decir que sí cree que éste, tal y como lo diseñó Kant, sigue vigente pero en el sentido de inacabado, incumplido, irrealizado". Kant escribió su famoso texto "Was ist Aufklärung?" diciendo en su párrafo inicial "La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón! : he aquí el lema de la ilustración". Aquí está el programa perfectamente resumido y eso tiene una vigencia absoluta. Con Jorge "me parece que marcarse como objetivo que los seres humanos puedan ser capaces de hacer un uso emancipado de su entendimiento es casi 'subversivo' a tenor de la situación actual". Podríamos estar incluso de acuerdo con Kant cuando dice "Si ahora nos preguntamos: ¿es que vivimos en una época ilustrada? la respuesta será: no, pero sí en una época de ilustración".

Pero antes que nosotros, otros se han acercado al texto de Kant con gran originalidad y valiente voluntad política. Nuestro querido filósofo Foucault, ha sido quien mejor ha repensado e interpretado el texto en cuestión: "la reflexión sobre hoy como una diferencia en la historia y como motivo para una tarea filosófica particular me parece que es la novedad de este texto" (transcripción de una conferencia de 1983, publicada en castellano por Antonio Campillo en Daimon, Revista de Filosofía, 1993, nº17, 5-18)Foucault define la Ilustración kantiana como "...un ethos filosófico que se podría caracterizar como crítica permanente de nuestro ser histórico". Resumiendo, Foucault nos dice que el proyecto de la Ilustración es un "ethos", una actitud y específicamente, una "actitud de modernidad", una "critica a nosotros mismos permanente". Este espíritu ilustrado sigue vigente, pero lo importante no es sólo su actualidad, sino que nos obliga a pensar en cada momento, qué es la Ilustración ahora, como debe realizarse. Preguntarse ¿qué es la Ilustración? es preguntarse "¿Qué es la Ilustración?" aquí y ahora. En esto, estamos completamente de acuerdo con Foucault, que esa respuesta social, debe mantener una "actitud experimental", una innovación social y política necesarias, que debe apartarse de "todos esos proyectos que pretenden ser globales y radicales", para no caer en las más "peligrosas tradiciones". Teoría y práctica deben ser validadas hoy. Nuevamente. En palabras del francés, -que hacemos nuestras-, para dar esa abertura actual a la Ilustración, ese repensarla al que nos referíamos en nuestro post, tenemos por delante "una labor paciente que dé forma a la impaciencia de la libertad".  Pues ¡manos a la obra! 

En todo caso, una cosa es cierta y es que todos los ilustrados pueden errar. Adorno también dijo "es imposible escribir poesía después de Auschwitz". Pero se equivocaba. Porqué Jorge lo hace. Y muy bien.

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